Soy donde comienza el estribillo.
Algo sobre Blues de nadie de Julia Piastro

Julia Piastro

Blues de nadie

Los libros del perro

México, 2020

45 pp.

Leer a Julia es abrir el oído para seguirle el paso. Su poesía atrapa destellos de viajes, sitios y personas como lo haría una caja de resonancia – y aquí me robo una imagen de la autora. En Blues de nadie estar en el espacio que se habita es dar cuenta de su música, de su movimiento. El arraigo es una forma de caminar. Aunque en la primera parte, titulada Postales, la voz afirme que cede el control y abraza la inmovilidad, el lenguaje sigue inquieto en el sonido, en el tono coloquial, el vocabulario y las rimas asonantes con las que la autora cierra los versos.

Y sin embargo, un sentido de raíz se hace presente, y habita, más que la palabra escrita, el decir: la lengua de un día a día que es el pulso con el que la voz atestigua y afirma realidades urbanas, múltiples y específicas; realidades que dan indicios de un mundo exterior y enunciante más allá de la propia voz de la poeta, pero que no dejan de suponer un trabajo desde el oído y el texto. Pienso en la imagen vendaval de especias, en el poema “Noticias de Allende el metro” y en los trabalenguas ecotérmicoshidráulicos de la plaza de la tecnología. Atmósferas y retazos de calles históricas, sobrepobladas, que a veces se sienten ajenas, distantes y que, a veces, son el propio cuerpo del yo: “el viento / y el caos rasguean tu pecho, / qué le damos, qué buscaba, de a cómo las da” (20).  “Por momentos yo me desbordaba / los huesos se me hacían papel de china” (16).  

En Blues de nadie, ser una misma, pertenecer y habitarse, se afirman como estados transitorios, sujetos al tiempo: “Seremos nadie / y no importa / cuántas metáforas hagamos / por minuto” (34). Sin embargo, a pesar de la melancolía, nombrar es imperativo y doloroso: escuchar esa música permite vulnerarse y dar paso a momentos de ternura: “y sin embargo, / prefiero el silencio / los ruidos del parque / mi propia voz / hablándote bajito” (21). La voz lírica pega de aullidos, muerde, busca sin evadir e improvisa cuando es necesario. Poco importan las afirmaciones totalizantes, las numeraciones que intenten describirlo todo. No faltan los versos que rasgan el oído de quien lee y abren un silencio cargado. La voz está en la búsqueda, tantea qué llevarse, hacia dónde seguir. Con sus postales y noticias, el mundo que circunda al yo tiene un aire desteñido y ajeno. La voz toma estos flashazos que atestiguan una cotidianidad donde nombrar se queda corto.

Blues de Nadie nos lleva a la médula de ciertos no lugares, vagones del metro, extraños ambientes compartidos con una mirada punzante e irreverente. Su rebeldía es la improvisación, la actitud de juego y una sostenida brevedad a lo largo del libro: volver a decir y desobedecer al mandato de nostalgia. No anclarse al origen como algo establecido, abrazar el anonimato de la muchedumbre; pues este cuestionamiento del yo permite transformar, a la manera del Blues, el dolor y el desasosiego, llevarlo más allá de la catarsis. La poeta deja de ser caja de resonancia para esbozar su propia armonía. “Prefiero la tierra / que retumba a destiempo / la tarima o la palabra / percutiendo el pulso de los pasos” (42). En ese fugarse de una misma me deja Blues de Nadie, con el sonido de fondo del rock urbano, los performances de Anne Waldman y su lectura galopante, con el poema a Janis Joplin con el que Julia Piastro conjura su propio hormigueo.

El oído musical de la autora le permite al libro anclarse en el presente. Más que una melodía para colectivizar, Blues de nadie esboza un intersticio por medio del cual es posible mirar y escuchar a otres fugazmente; esto sin la voluntad de hablar por ellos o con ellos, sino de encarnar lo que se deje, lo que más allá de sí permanece en el oído, en el hilo de la voz. En esa fisura me emociona entrever las sendas por las que la autora seguirá hilando música y poesía, haciendo que llevarse a una misma sea casi soportable.

Lucía Cornejo (Sonora, 1990). Maestra en Traducción por El Colegio de México. Ha publicado en revistas nacionales como Punto de partida, Periódico de poesíay Este País. Su trabajo como traductora se centra en la obra de la poeta Lucille Clifton. Becaria de la Fun-dación para las Letras Mexicanas en el área de poesía período (2018 -2020)

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Editorial

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