Vivir es renunciar a la muerte

Mariana Enríquez

Nuestra parte de noche

Anagrama

Barcelona, 2019

672 pp.

And death shall have no dominion.

Dylan Thomas

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Nuestra parte de noche es un viaje y una disputa. Por un lado, es el recorrido de vida de sus protagonistas, y, por el otro, una lucha constante para cambiar el pasado. Los personajes combaten contra lo injusto, lo doloroso y lo atroz que heredan, pero que no pueden negar ni rechazar por más que se les obligue; asimismo, viajan para olvidar, para encontrar en el camino una nueva verdad, para escapar y dejar atrás la desolación que se rehúsan a aceptar. 

La novela se divide en dos líneas paralelas: pasado y presente que constituyen una verdad única que explica y desmantela la historia. A lo largo del libro se exploran los motivos por los que los padres se sacrifican por los hijos: mantenerse a salvo, amar, aferrarse a la vida. Los protagonistas se ofrendan para que la perdición no someta a todos aquellos a quienes aman.

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La historia presenta a Juan y Gaspar, padre e hijo. Ambos emprenden un viaje que cambiará la manera en que interactúan con el mundo. Desde el primer capítulo se reconoce al sacrificio como una muestra de amor, a través de una visión cruel del cariño, pues Juan busca proteger a su hijo de la Orden, una secta angloargentina cuyos miembros son personajes influyentes que viven en la opulencia gracias a su poderío o linaje. Estos buscan contactar con la Oscuridad, una energía que ayuda a conseguir la eternidad y a la cual sólo se accede a través del sacrificio físico y mental de un médium, como Juan o Gaspar.

Juan es un ser desarraigado del mundo al que la vida y cualquier esperanza le fueron arrebatadas desde la infancia; es un personaje que se rindió ante la búsqueda de su identidad y sólo desea velar para que la historia no se repita. Este aspecto genera que el libro pueda ser leído como un paralelo, porque mientras más avanza la historia, los pasos de Gaspar, sin saberlo, se acercan a los de su padre. Los dos anhelan romper la cadena, encontrar aquello que han perdido y sacrificar hasta el último aliento para deshacer los males del pasado.

El sacrificio no se muestra como una opción, más bien es una herencia que no se puede ignorar ni pasar de largo, una marca indeleble que intenta borrar cueste lo que cueste.

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La novela se sitúa históricamente en medio del contexto sociopolítico de Argentina durante los años ochenta y noventa, que fueron cruciales para sobrellevar los estragos de la dictadura. Figuras como La Orden se presentan alineadas a estas instituciones corruptas y privilegiadas que tienen todos los medios políticos y económicos para manejar al mundo.

Desde esta perspectiva, Enríquez cuestiona los círculos de poder, las desapariciones forzadas y la apropiación de los cuerpos. El cuerpo, tema recurrente en la obra de la autora, se plantea en este caso como la herramienta necesaria para comunicarse con la Oscuridad e investir los poderes que ésta confiere. La historia podría leerse como una reflexión en torno a la esclavitud, pues los médiums son forzados a realizar tareas que los dañan física y mentalmente. Juan, a pesar de tener ciertas libertades, nunca dejó de verse como un instrumento que debía permanecer sano y en buen estado para su uso.

Sin embargo, dentro de La Orden también existen personajes que van en contra de estas ideas: un ejemplo es Rosario, esposa de Juan y madre de Gaspar, quien halló una persona a la que amar en ese cuerpo que sólo era utilizado para satisfacer la necesidad de poder. Este personaje desmantela, de viva voz, a La Orden y muestra fragmentos de su historia que serán de suma importancia para reconstruir la historia de su hijo.

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A lo largo de los siglos, los relatos fantásticos han servido para comprender al mundo a través de una visión distinta que explica la realidad desde una óptica que busca sorprender y al mismo tiempo reflexionar sobre la actualidad. Casos como Drácula de Bram Stoker o Frankenstein de Mary Shelley sirvieron en un inicio para hablar de temáticas sensibles en su época como las plagas y el hurto de cuerpos en los cementerios. Así, hoy en día, Nuestra parte de noche busca reinterpretar la dictadura argentina y la reconstrucción de una nación.

A pesar de que la Oscuridad es de procedencia europea, la narración también convive con santos tradicionales como San Güesito y San La Muerte, elemento que remarcan la necesidad de la autora por explorar las mitologías y creencias populares. Y es que uno de los aciertos de la narrativa de Enríquez, notoria en sus cuentos, es que no busca simular la visión occidental de los fenómenos sobrenaturales ni adaptar las tradiciones populares a esta estética, sino crear un nuevo tipo de terror popular, apegándose más a las tradiciones y perspectivas latinoamericanas.

El terror se presenta de una manera visceral, gráfica y palpable; es notoria la intención de la autora de acercarse, pero al mismo tiempo alejarse, de los lugares comunes, pues pone en evidencia los temores de sus personajes a plena luz. El miedo y lo cotidiano conviven de manera paralela para generar empatía con las situaciones.

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Nuestra parte de noche es una novela poderosa y abismal, porque muestra un mundo hundido en la soledad y el miedo. Además, los personajes reconocen al sacrificio como una de las pocas vías para alcanzar el bienestar propio y ajeno. De esta manera, se revelan las distintas ofrendas que tienen los padres con los hijos y la manera en que estos buscan renovar los votos de sus progenitores: caminar hacia un mundo mejor. Los protagonistas de esta novela encuentran en la renuncia un camino hacia la expiación, pues aprenden a discernir entre lo que se quiere y lo que es necesario.

La novela expone deliberadamente las entrañas de la historia, no se queda con nada y sin ningún pudor revela los secretos más profundos que tienen sus personajes y su pasado. Los cambios de voces narrativas permiten explorar aún más el mundo construido y con ello crear teorías y atar cabos entre capítulos. Claro que esto puede generar opiniones encontradas entre los ávidos lectores de la cuentística de Enríquez, pero queda claro que, tanto en esta obra como en sus narraciones más breves, la autora conoce a su tradición y las necesidades de ésta.

Mariana Enríquez escribe desde un mundo humano, afectuoso y cercano con sus personajes. Narra los momentos clave que alimentan su trama y brinda información demás para crear conjeturas propias, sin miedo a que los lectores conozcan el esqueleto de su historia. Todo esto para provocar un vacío profundo y una desolación desmesurada que cuestionan y remarcan la necesidad de renunciar a la muerte para poder vivir.


Guillermo Vargas (Ciudad de México, 1995). Narrador. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en FFYL, UNAM. Ha publicado en medios impresos y digitales. Participó en el 9° Curso de Creación Literaria para Jóvenes de la Fundación para las Letras Mexicanas. Twitter: memoo_mx

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