Adictos a las primeras veces

Cosas novedosas que te pueden ocurrir después de los 30: Un nuevo trabajo. Un amante. Tal vez una relación significativa, pero dependerá del desgaste que se haya tenido en relaciones pasadas lo que pueda motivar o no esta experiencia. Comidas y bebidas solo si tu economía lo permite. Un hijo, salvo que sea el primero, porque después bajará la intensidad de la emoción e incluso los baby showers serán menos ostentosos para los hijos que dios te mande. Difícilmente acudirás a la boda de un buen amigo, pues la mayoría ya se habrá casado y con seguridad tendrás un círculo muy reducido de amistades que puedan incluirte en aspectos significativos de sus vidas. Si practicas un pasatiempo, es posible que vivas más experiencias atípicas al común de la gente. 

Escucho decir a la mayoría de los yonkis que el primer subidón nunca se olvida, es único. También sé que hay personas que prefieren tener muchas relaciones, aunque estas no sean de larga duración, basta con que subsistan hasta la fase de enamoramiento en la que todo acontecimiento y experiencia sensorial resulta novedosa: La luz, la música, las palabras. Hay una especie de encantamiento con el mundo, un mundo que resulta un deleite sensitivo, sin embargo, esto no suele ir más allá de los 6 u 8 meses.

Después de los 30 ya te habrás habituado al 95% de las actividades diarias y esa cifra es verdaderamente optimista. Normalmente bromeamos diciendo que, esperamos pacientemente la muerte y tal vez sea así. Incluso los adictos rara vez encontrarán fascinante el consumo de alguna nueva droga, para entonces ya tienen preferencia por alguna sustancia.

Una vez que te has habituado a los estímulos de cualquier tipo, los sentidos se muestran indiferentes ante las experiencias que se les presentan, a menos que ocurran por primera vez y después de esto, comienza la inercia. Resulta automático ducharse, tomar el desayuno, da igual si hay sexo o no, de cualquier manera se hará de forma mecánica, mero protocolo de pareja. 

Te vistes, te diriges al trabajo como un zombie que no piensa el qué ni el porqué de lo que hace. Compras un café en el Oxxo de cualquier esquina, café al que tu gusto se ha adaptado, solo lo haces para no sentir la abstinencia con su dolor de cabeza. En la oficina, ves a la misma gente de siempre y de ser posible la evitas. Prendes el PC, das play a la lista de reproducción musical de todos los días. Revisas las noticias y la bandeja del correo electrónico. Observas con aburrimiento tus redes sociales, das algunos likes, no comentas porque es un esfuerzo enorme hacerlo. Dejas que transcurra el día esperando con somnolencia tu hora de salida.

En casa apenas y un “Hola”, ¿qué hay de comer? Comes mientras finges interés en lo que el otro te dice. Recuerdas que has quedado con unas amigas a tomar un café y te pierdes por unas cuantas horas de eso que llamas hogar. El entretenimiento también se ha vuelto monótono, pides lo mismo de siempre en el menú, sino hay un chisme terminarás charlando de los temas comunes. Beso, abrazo, despedida. 

¿Qué tal tu día? Respuestas automáticas. Sirves la comida del perro, beso de buenas noches y esperas… Aguardas al fin de semana pensando que habrá alguna novedad que, de no ocurrir, por lo menos para aburrirse es mejor hacerlo en pijama.

24/7, se repite la rutina.

Adictos a las primeras veces dejamos pasar de largo el 95% de nuestra vida. A mayor edad menos novedad y ahora, nos aferramos al recuerdo de las últimas veces que ocurrieron las cosas.

Hace un año nos dijeron que no podríamos salir, era preciso evitarnos y por seguridad debíamos dejar de frecuentar espacios públicos, a los demás, incluyendo a los que más queríamos.

Muchos lugares y personas no volverán. Nos lamentamos. De haber sabido que sería la última vez que estaríamos viviendo esa “monotonía”, la habríamos disfrutado o la hubiéramos vivido de otro modo.

Los seres humanos somos animales de hábitos que se han vuelto adictos a la memoria del placer y del dolor para no morir de hastío, aunque terminemos muriendo al final de remordimiento.


Mariana Gutiérrez Velázquez. Es una silaoense nacida en el 84. Con su particular sentido del humor se describe como, “Una hartista de segunda del tercer mundo”. Aunque no se dedica a las letras profesionalmente (por ahora), escribe poemas, reseñas, ensayos, cuentos y algunos expedientes clínicos. Es amante de los libros, el cine, los perros, el café y de un vago.

Editorial

9 comentarios sobre “Adictos a las primeras veces

  1. Gracias por la reflexión, me identifico con la adicción a las primeras veces… en mi caso el hijito ha dado la pauta para escapar de la rutina, quizás porque es pequeño y todo lo que hace es novedoso… la primera mirada, la primera palabra, los primeros pasos, la primer ida a urgencias al hospital… Todos hablan de aprovechar al máximo ahora que es pequeño y presiento que entraré en ese remordimiento del que hablas en unos años más… Gracias por compartir.

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