La escritura documental de Valeria Luiselli

Con un viaje en carretera de fondo se inaugura Desierto Sonoro (2019), la última novela de la escritora mexicana Valeria Luiselli (1983), que, junto con Los niños perdidos. Un ensayo en cuarenta  preguntas, publicado en 2016, forman lo que podría denominarse como el corpus literario de una diáspora infantil contemporánea.

Los niños perdidos, el ensayo, se escribe a partir de las cuarenta preguntas del cuestionario que aplica la Corte Federal de Inmigración a los menores y nos muestra el laberinto legal de estas niñas y niños que llegan a Estados Unidos escapando de violencias, sobre todo de pandillas, en sus países de origen, ya que como apunta la escritora “No buscaban el Sueño Americano, como suele decirse. Los niños buscaban, simplemente, una escapatoria de sus pesadillas cotidianas”. A la par de estas migraciones, Luiselli habla de su propia migración, los vericuetos que atraviesa para obtener el derecho de vivir en una ciudad que no es la suya y de su papel como mujer atravesada por la escritura y la maternidad.

Si bien, en Los niños perdidos la autora hace uso de herramientas ensayísticas desde las cuarenta preguntas del cuestionario, en Desierto Sonoro sucede una vacilación entre lo documental y lo ficcional, que se entreteje a partir de la voz de la madre, la del niño, los múltiples archivos, los sonidos y sobre todo, los silencios.

Desierto Sonoro nos cuenta la historia de una familia que se formó a partir de una documentalista y de un documentólogo quienes se conocieron grabando el desierto sonoro de la ciudad de Nueva York. Cada uno agregó un hijo a la ecuación, él al niño y ella a la niña. Se volvieron una tribu. El proyecto llega a su fin, y ambos tienen nuevos y muy diferentes planes: El padre, grabar los ecos de los últimos americanos libres de Norteamérica; la madre, hacer un documental sobre los niños migrantes.

En la novela hay dos viajes. Por una parte, la última aventura de una familia que está por diluirse, sobre un país en ruinas, donde el viaje representado por la literatura, “se ha convertido en una especie de murmullo, una reflexión alrededor de los detalles y las variaciones del mundo” (Horne, 2016), y en el caso de la novela de Luiselli de los ecos de un éxodo migrante, en la ausencia de voces que la autora no busca apropiarse sino más bien rescatar. Por la otra, el de los niños perdidos, que se desplazan guiados por un coyote a través de “La Bestia”. Este segundo viaje se representa mediante La elegía de los niños perdidos, un libro ficticio que la madre va leyendo en voz alta y grabando, y que el niño, retoma. Al final, ambos viajes se entrecruzan con el niño y la niña, que a fin de cuentas también son niños perdidos en medio de una ruptura familiar.

En la cajuela del auto hay siete cajas. Cuatro son del padre, una de la madre, una del niño y la última de la niña.  Las de los adultos están llenas de libros, notas, recortes de periódico, las de los niños se van llenando con los descubrimientos del viaje. Una metáfora de todo lo que se va cargando a cuestas por parte de unos y la inocencia y descubrimiento del mundo por parte de los otros. Así mismo, el proceso de archivo no solo es el de los padres, donde él busca encontrar vestigios de los últimos pueblos apaches y ella quiere cartografiar el éxodo migrante de los niños perdidos, sino también el del niño, quien acaba de cumplir diez años y está obsesionado por documentar el último viaje de su familia para que su hermana, la niña de cinco años pueda saber que ellos fueron una tribu, que él fue su hermano.

Luz Horne menciona que “El texto literario se transforma así en un gran repositorio o en un archivo en el que se guardan observaciones, pensamientos o relatos de experiencias cotidianas” (2016). Desierto Sonoro, en ese sentido, es un libro fragmentario y abierto, en el que se nos hace partícipe de la escritura del mismo. Por eso, podemos toparnos con las referencias directas a obras de la literatura o a noticias respecto a los niños perdidos, que en su conjunto forman un testimonio colectivo de lo público pero también de lo privado: mapas dibujados a mano, así como fotografías tomadas desde la polaroid del niño. Dicho registro será fundamental para darle forma a la narrativa de una infancia llena de ecos.

Referencias:

Horne, Luz. (2016). Ficciones documentales: exceso afectivo y surgimiento de la ficción en Fotografías, de Andrés Di Tella. Revista Iberoamericana.  (257) pp. 837-854

Luiselli, Valeria. (2016). Los niños perdidos. Un ensayo en cuarenta preguntas. Madrid: Sexto Piso

Luiselli, Valeria  y  Saldaña, Daniel. (2019). Desierto sonoro. Madrid: Sexto Piso.

Margarita Isabel Vázquez Castillo. Estudia gestión cultural y es parte de ¡Por favor, lea mujeres! un círculo de lectura que promueve la obra de escritoras mexicanas contemporáneas.

Editorial

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