Stabat Mater

Stabat Mater dolorosa (De pie la madre dolorosa)

En los partos tradicionales es común que las mujeres den a luz de pie o en cuclillas, a diferencia de muchos de los partos en el mundo moderno, donde para comodidad de los médicos, las mujeres están acostadas boca arriba durante el alumbramiento. Lo más seguro es que María no estuviera acostada en el momento del nacimiento de Jesús, y que los pocos animales –si es que en realidad había alguno— huyeran por los gritos de dolor de la mujer que llegó a interrumpir su descanso. La vida de María como madre inició y terminó con ella de pie, dolorosa.

O quam tristis et afflicta (Oh qué triste y aflijida)

Mi abuela paterna perdió a su séptimo y último hijo. Cuando él tenía 22 años, regresó a casa después de ver a su prometida, fue a acostarse y sufrió un paro cardíaco. Mi primo lleva el nombre de su tío muerto al que nunca conoció en vida. Mis tías intentan encontrar rasgos de su hermano en sus sobrinos. Mi abuela, en los aniversarios luctuosos, lo recordaba con resignación más que tristeza, ella nunca buscó en sus nietos algo que le recordara a su hijo.

Quis est homo qui non fleret (¿Qué hombre no lloraría?)

En realidad, María siempre ha sido un inconveniente para la iglesia católica y cristiana. Si hablar de ella es problemático, hablar de su dolor lo es mucho más. El asunto va en dos sentidos, por un lado, se reconoce la divinidad de la madre y su importancia para la vida de Jesús y, por otro, humaniza a Jesús al ser el hijo de una madre terrenal que sufre por la muerte de su hijo. Tal vez un tercero, donde Dios, justificándose a sí mismo por su omnisciencia, queda como un padre distante e indiferente.

Si tuviera la oportunidad de cambiar algo en el libro del Génesis, sería que Dios fuera madre y padre de Adán y Eva, no solo padre. Así tendría la certeza de que Dios lloró cuando los expulsó del Edén, así se convertiría en la primera madre en haber llorado la muerte de sus hijos, aunque fuera tras condenarlos él mismo; y después lloró junto con su hija, como una abuela, la muerte de Abel, pero lo dudo, porque Dios siempre se ha ahorrado el dolor, por eso condenó a Eva y a las mujeres a sufrir en el parto.

Recién mis padres se mudaron a esta casa, una gata llegó a buscar cobijo. Cuando tenía crías las asfixiaba para después comérselas, al menos lo hizo dos veces. Mi madre la descubrió en la segunda vez, e intentó salvar a alguna cría, pero la gata se negaba, ahora veía en la gata a un ser ruin por lo que la corrió de casa. Tal vez la gata prefería evitarles la angustia de la vida y escogía el dolor de perder a sus hijos antes que verlos crecer para sobrevivir.

Pro peccatis suae gentis (Por los pecados de su gente)

El primer Stabat Mater apareció en la segunda mitad del siglo XIV, cuando los franciscanos lo incluyeron como uno de sus laudes –más tarde se convertiría en una secuencia– para celebrar la Semana Santa. Se sumó a los poquísimos cantos marianos, cuatro como mucho, que se habían compuesto desde el siglo V. Durante casi siglo y medio, entre su versión gregoriana y las primeras renacentistas, el Stabat Mater fue ignorado. En el Concilio de Trento se le expulsó de los ritos católicos, culpando a las reformas luterana y calvinista, que negaban la relevancia de María en el mito cristiano, lo que impulsó a los católicos a tener la misma postura con la intención de no perder fieles. Hasta el siglo XVI Josquin des Prés compuso la primera versión polifónica para este texto, a él le siguió Palestrina. De la época barroca se rescata la versión de Vivaldi y veinte años más tarde, 1736, llega la de Pergolesi, quien compuso una de las versiones más reconocidas, por la época aparecieron otras interpretaciones sin tanto brillo ni revuelo, pero un poco más ambiciosas, como la de Haydn; mismo periodo en el que se oficializó su regreso dentro del culto católico. Después de otro periodo de sequía, llegó la versión de Rossini con un nuevo espíritu, una versión para gran orquesta, coro y solistas, que fue interpretada por primera vez en 1833. A partir de entonces, tomó popularidad y diversos compositores se interesaron en él, ya que funcionaba bien tanto como una pieza religiosa como una pieza escénica, aunque por esa ambigüedad, el público no sabe cómo tomárselo cuando escucha alguno por primera vez.

Eja mater fons amoris (Madre, fuente de amor),…

Cuando mi madre criaba canarios, consiguió una hembra de color naranja. A los pocos meses se embarazó, no pudo poner ningún huevo, su cloaca –el orificio por donde saldría el huevo— era demasiado pequeña. Un gen la condenó a ser madre y otro, que le daba un hermoso color naranja, la condenó a no desarrollarse lo suficiente para poder parir.

Murió con el huevo atascado en su cloaca y los ojos abiertos en signo de dolor. Mi madre intentó ayudarla a sacarlo, le daba analgésicos para que alivian su dolor y le permitieran pujar. Todo el tiempo mi madre la sostuvo entre sus manos, acariciándola y consolándola, aun después de muerta.

Sancta mater, istud agas (Santa madre, te ruego)

Pese a que el Stabat Mater es una de las obras más reversionadas de la música litúrgica, nunca lo ha sido tanto como un Requiem o una Misa cualquiera. Puede haber un poco más de un par de centenas de versiones, pero la mayoría de ellas son para música de cámara: coros a cappella, coro y órgano, conjunto barroco y voces solistas; como si el dolor de una madre debiera ser un algo silencioso, apenas audible, algo de lo que no se puede participar –contradiciendo al mismo texto—, no por respeto o solemnidad, sino, porque la tristeza de una madre ha sido vista como algo que puede esperar, algo de lo que no necesita enterarse el mundo. Apenas una veintena de las versiones, aproximadamente, de Stabat Mater han sido compuestas para gran orquesta y coro, con o sin solistas.

Hasta donde sé, ninguna mujer ha compuesto música para un Stabat Mater y la mayoría de las versiones de esta obra han sido hechas por encargo, dejando la tarea a hombres que solo pueden divinizar y acaparar la maternidad y la muerte para crear algo. Me disculpo, al menos, por mis ideas, porque también soy el menos indicado para hablar de los dolores relacionados con la maternidad.

Fac me vere tecum flere (Déjame llorar contigo),…

La primera versión de Dvorak del Stabat la comenzó a escribir después de la muerte de su hija Josefa dos días después de su nacimiento, la primera hija de su matrimonio con Anna. Comenzó a componer una versión para coro y órgano que terminó a medias, sin incluir todas las estrofas del texto original. Pasado poco más de un año, murieron otros dos de sus hijos, una niña de once meses, Ruzena, y un varón, Otakar de dos años. Otros compositores tomaron la pérdida de sus hijos como inspiración para componer, Malher su Kindertotenlieder (Canciones para los niños muertos) o Sibelius Melancholia tras la muerte de Kristi, por mencionar algunos, pero ninguno escribió un Stabat Mater.

Virgo virginum praeclara,(Virgen de vírgenes, pura)

Dvorak, no escribió el Stabat Mater por la pérdida de sus hijos, ni por encargo o por su fanatismo religioso, lo escribió porque escuchaba a su esposa llorar la muerte de sus hijos. Ese sonido, ese llanto, que ocurría en las noches, pues por las mañanas Anna tenía que hacerse cargo de su hogar, ese sonido que intentaba ocultar entre su almohada para no preocupar a nadie, ese sonido que resonaba en los oídos del compositor durante las horas de trabajo sentado frente al órgano. No lo compuso como una forma de catarsis sino para poder consolar un poco, a su manera, a Anna, la madre que había perdido tres hijos.

Fac me plagis vulnerari (Hazme sentir sus heridas),…

Dvorak no solía concluir sus obras litúrgicas como se espera que termine una pieza litúrgica, como sus Misas, la de Re mayor o el Requiem, que terminan con el Agnus Dei y no como lo común en una Misa que termina con un canto de salida, ni siquiera un Amén se puede escuchar al final, además, el Agnus Dei es compuesto regularmente con un carácter introspectivo. Al compositor no le interesaban los finales, ni siquiera en su primera versión del Stabat puso uno, pero su versión final está completa, tiene todos los versos de principio a fin, tiene un final. Puso un final para darle paz al duelo de su Anna.

Fac me cruce custodiri,(Cuando, Cristo, haya de irme)

Morte Christi praemuniri,(Concédeme que tu madre me guíe)

Confoveri gratia (A la palma de la victoria)….

Mi abuela materna perdió a su décima y última hija apenas un par de horas después de su nacimiento. Lo primero que la matrona decidió hacer cuando la vio sufrir fue bautizarla, esperando que así pudiera estar en gloria eterna.

… Quando corpus morietur (Cuando el cuerpo muera)

Fac ut animae doneturd (Haz que mi alma sea dada)

Paradisi gloria (A la gloria del Paraíso).

Amen


Christian A. Gallegos Mendoza. Músico frustrado de piano de algún conservatorio, actual estudiante de Psicología en la Universidad Autónoma de Querétaro.  Transcriptor de mensajes oníricos propios y escritor ocasional, pero serio, de poesía y ensayo. 

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