Aksabek fak limshakarbi

Subí un video del primer avistamiento que tuvimos a la red. Solo escribes “RdeJ Puebla ovni” y lo puedes ver. De todo el fenómeno alguien podría decir que eran las estrellas fugaces, sin embargo una luz era la más brillante, parecía estar cerca y la piel se enchinaba al señalarla. En el acercamiento al video grabado se mira una especie de círculo con una incandecencia como de fuego azul.

Sólo había tenido dos avistamientos en mi vida, o tres, pero el primero no cuenta tanto porque iba en la primaria y apenas recuerdo que estaba en la escuela señalaron un punto blanco extraño en el cielo. El primer avistamiento ya grande fue en la Facultad, llegué al segundo nive del edificio de Comunicación y un estudiante que sacaron de su clase comentaba con los que no alcanzaron a entrar a la primera hora que observó unos objetos en el cielo, algunos se rieron y quien volteó en ese momento no vió nada.

Allí están, mira, mira dijo el joven. Yo muy participativo miré al cielo y eran cinco cosas, como puntos blancos en el cielo que parecían estar en formación, después se fueron alejando unos de otros hasta que se perdieron en el cielo. Fue por el año 2008. Por esas fechas, tuve el otro avistamiento. Vendía en un tianguis, eran como las siete y media de la mañana y recuerdo bien como el joven señaló hacia el cielo diciéndole a su padre que volteara.

El Harris ya estaba a mi lado y los dos miramos, era un objeto blanco, como los cilíndros del gas estacionario por compararlo, era muy grande porque en el lapso que lo pudimos ver pasó un helicóptero y un avión y aunque el objeto estaba más lejos se veía grande. Aquel día lamenté no haber llevado la cámara semi digital que mi madre me había regalado.

Tuve sueños extraños días después de haber visto aquel haro: Me levanté de madrugada, fui al baño y al salir al patio una corriente de aire golpeó mi cara, pensé en ir a Las Cuevas que hay en Los Reyes de Juárez, están cerquita, pero sinceramente me dio miedo. A la mañana siguiente fui, entré a tres de ellas y en una encontré una piedra rara. Tengo un video de cuando entré donde se ve salir un pequeño objeto, aunque pudo ser un insecto, al ponerle pausa no se aprecia por la velocidad en que va.

La limpié y después con don Joel salió un recorrido al campo, a una ex hacienda. Llegamos al lugar y eran dos familias que cuidaban el antiguo lugar aunque eramos desconocidos nos recibieron muy bien y nos pasaron a su pequeño huerto, vimos el pozo seco y después entramos al cuarto donde tenían su altar, allí tenían piedras y objetos que se encontraron en el campo. Me regalaron una que tenía el tamaño de mi mano, uno de los hombres me miró de una forma extraña y asintió con la cabeza.

En el 2019 fui a Hamburgo, una conferencia de periodismo global de investigación. En un intermedio entre charlas y mesas de trabajo de periodistas de todo el mundo que trabajan casos de corrupción, medio ambiente, violencia y más, una mujer miraba la llegada de un barco carguero. Le dije hola y respondió amablemente. Su español era de Sudamérica.

¿Quieres escuchar? Tu puedes dar palabra sobre esto. Sí le dije. La misión debe completarse, los pueblos indígenas siguen siendo atacados, incluso las tribus que no han querido tener contacto con otros humanos, la Amazonía como el gran lugar de resguardo peligra de manera alarmante. Hay fuego maligno. Hay mujeres nativas americanas desaparecidas, matan a nuestros hermanos y hermanas que defienden sus territorios. Se extinguen los animales y también esta muriendo la conexión sagrada.

Hay madres y jefes sabiduría en cada parte de la Tierra que han guardado su lengua por milenios. En ella llevan las voces del más antes y podrán entender este mensaje. Me dio una especie de carta con letras en un lenguaje que no conocí y me pidió que grabara su voz durante 3 minutos. Llévalo, cada pueblo debe enviar a su representante a la reunión final en la selva. Ten cuidado porque hay enemigos que hablan como nuestros hermanos, que dirán tener una causa, pero ellos están con los esclavos del MagnuZi que quieren la ruina de la vida.

Al regresar hablé con las figuras de poder en las tres mixtecas, preparamos el mensaje y se llevó hasta donde pudo ser posible en esta parte del mundo que me tocó. La gran reunión se realizaría en la Amazonía en contexto del foro panamazónico.

Las noticias destacaban grandes incendios y a finales de ese año comenzaron a informar de un virus que desde China se propagaba al mundo. La cuarentena finalmente hizo que para el 2020 se pospusiera la reunión y la mayoría de los pueblos decidió no enviar a sus representantes. No habría reunión ni el mensaje podría descifrarse a tiempo.

Absalón me contó en la Ciudad de México su historia en Guerrero. Mis manos buscaban refugio en la arena que parecía entenderme y llenarme de un suave frío en la noche que daba fin al viaje que comenzó diez años atrás. Nunca me ha pasado nada malo en Acapulco. Ni siquiera caminando por esos callejones angostos del centro que se parecen a las favelas de Río.

No puedo decir que las estrellas contaban mis anécdotas, pero quería que lo hicieran. Una pinshi serenata de átomos y partículas desde aquellas lejanas constelaciones. ¿De qué iban a hablar? De la irreverente caricia de miseria que te despierta en las mañanas cuando se tiene hambre y tristeza. Del orgasmo, de la alegría, de la esperanza del fuego y de la fractalidad que habita en las especies.

Caminó hacia mi con su guitarra. El joven alegre comenzó a tocar sin decir otras palabras más que las de su canción. Primo, te voy a dejar tres rolas por 50 varos solo porque me caíste bien, me dijo después, mientras me platicaba que recién se había separado de su esposa.

Se había ido Soledad. La música me hizo voltear y ver que había grupitos que se fueron acomodando entre los esqueletos de palapitas en varios espacios de la playa. Tres hombres y una mujer gritaban como con ánimo de festejo, la pinche tristeza se vio opacada con rumba que me transgedía como mutando del sonido al líquido de la cerveza barata.

¡Rgazo primo! le dije al músico de arena intentando sacar las frases de mis camaradas costeños que les escuchaba en las visitas al puerto. Dos de los hombres del cuarteto alocado ahora luchaban con las olas intentando sacar a la mujer, otro estaba muy tomado que se quedó seco, sin moverse.

No vayas Javier, te dejo si vas, le dijo a su novio una mujer que también miraba la escena. Él corrió y también el músico que dejó su guitarra y se quitó su playera, todo esto en el cálculo comparativo de tiempo distancia de un sorbo largo de chela. Quise correr pero, pues no sé nadar y así ni cómo. Después de un rato, de esos que no puede uno definir bien en la mente porque la situación está cargada de adrenalina, el músico sacó a la mujer y también a Javier que no midió que andaba ya en copas y de salvavidas emergente paso a ser salvado. Pasó un rato y el compa de la guitarra regresó.

Ya no me vuelvo a meter por nadie, casi me ahogaba y ni las pinches gracias me dieron esos vatos, me dijo. Javier se recuperó y fue a buscar a su novia que se fue enojada con su decisión. Una vez saqué igual a un tipo y hasta parecía que se había encabronado de que evité que se ahogara. Que no tomen y se metan a la playa, es mortal ya he visto muertitos que no pudieron salvar. Toma una chela camarada, fuiste valiente yo te lo reconozco. No cualquiera, le dije. Gracias, sale, me voy a darle que se hace tarde.

Mi profunda y máxima reflexión se había cortado. Caminé hacia donde no hubiera gente. Las nubes escondieron a la luna, supongo gozaban de su iluminación en otro lado, acaso se veían las luces de un barco viejo que se acercó a una boya. Tenía una iluminación extraña era como ver una gran vela encendida entre la oscuridad. Tenía dos dragones tallados a su costado. Un golpe en el mar dio aviso de una lancha en la cual uno de sus tripulantes remaba hacia la playa.

El ruido del mar me hipnotizó hasta que se bajó un hombre delgado con una vestimenta extraña, jalo la lancha con una fuerza admirable y cuatro mujeres descendieron, se veían de aspecto oriental, cada una tenían un paquete de color diferente. Me levanté aunque el hombre traía una especie de sable y no por falta de valor, precaución. Me mantuve no tan cerca. Cada una tomó un rumbo distinto, se esfumaron en un santiamén.

Amigo, amigo, ¿de dónde son? Amigo le dije acercándome después de que las mujeres de kimono se fueron. Respondió pero no supe que dijo, ahh, le dije sintiéndome algo ignorante, poco. Yo soy… Sé quien eres, deberás contarlo cuando sea el tiempo me dijo en un español raro. Arrojó a la arena un collar y se fue.

Pasé un poco de frío. Ni de llorar daban ganas. Me acomodé entre unos camastros y dormí con la mochila como almohada en ese lugar de poca luz. Desperté temprano, caminé en la playa por la parte de atrás de los bares. Chingo de colillas. Con un vaso en la mano recogí colillas de cigarro. El vaso se lleno y me dio algo de asco que se pasaba pensando que había hecho algo bueno pero que podría haber llenado otros 50 vasos más. Unos hombres jugaban con un dron. Se veía caro. Me aventuré en unas rocas y al llegar a la cúspide me di cuenta que no podría pasar, de intentar bajar me daría un buen chingadazo.

Me pasé para la Costera, caminé sin destino próximo. Llegué al centro y allí me metí entre las calles porque me acordé de la señora que vendía sus bolillos con relleno, llámenme exótico porque, sí, me gusta que les pongan aguacate y mayonesa. A la mitad de mi desayuno llegó la señora del chilate, espumosito, le pedí uno y me lo fui tomando volviendo a caminar por la avenida principal. Me duelen los pies pero parece que no puedo dejar de caminar es cómo prolongar la llegada al destino triste. Es verdad que el tiempo recorre la piel, que nuestros ojos lloran menos y sufren más.

Afuera del Parque Papagayo recordé que allí se paró el autobús del viaje que una amiga de mi tía Pilar organizaba cuando era niño, estiramos los pies dimos una vuelta, Acapulco, no dimensioné hasta ahora que pisaba por primera vez la costa. Aquel viaje siguió hasta Zihuatanejo. Casi sentí ganas de llorar, al tener en el corazón esta tristeza de que físicamente no volveré a abrazar a mi madre. De que la vida se va como arena de la mano.

La caminata me llevó al Museo del fuerte San Diego, en otras visitas pasadas no había entrado. Había restos de vajillas, de telas, el relato de la Nao de China. Vestigios de la antigua visita oriental. Al ver las piezas toqué mi pecho y el collar estaba frío.

Salí y el sol me seguía retando, lo miré y le mostré mis pasos en el concreto. Fui a donde había encontrado a las viajeras pero no había rastro alguno. La noche llegó y mientras los vendedores y vendedoras hacían sus cuentas y recogían su mercancía esperaba leyendo un folleto que me habían dado en el zócalo de la Ciudad de México unos danzantes.

La ruta de cruz, las voces atrayendo los elementos, guardianes heridos, las vidas otras, las que vuelan, las que avanzan en cuatro patas, las de raíces en las tierras son masacradas. Cuando el ser humano quizo borrar la huella primera comenzó el término de la era. Hay fuego, del calor mismo del centro de la Tierra. Hay fuego de humano quemando a la mamá ojos de río. Asesinos de almas…

Pensé que el texto supuestamente interpretado hace 177 años era solo una recopilación de noticias que hicieron los fanáticos utilizando algunas metáforas o generalizando los problemas del planeta. Pero algo me golpeaba mi incredulidad. El collar se calentó mientras leía el texto. Grité. Corazón de ola. Misterio alado, ven a mi oscuridad y relátame tus signos, no te quedes estático al universo. Hice un círculo con una varita y comencé a danzar, Eran las 11:43, ví mi reloj. Las tres mujeres regresaban al lugar. Esta vez no vi el barco ni la lancha. Fue más rápido. ¡Que se reúnan, que se tejan las palabras hasta soltar la voz verdadera, el manantial de sabiduría!

En un punto trino las mujeres se tomaron de las manos. Levitaban. En el cielo había una luz circular. Se elevaron y no vi más. La gente me tacharía de tonto, pensarán que fue un alucín o alguna cosa rara de la mente.

Las olas me llamaban, quería correr y hundirme en el vacío. Crisis de duelo, tengo crisis de duelo. Desperté y tenía ideas recorriendo mi mente. Para este año se tenía planeado un encuentro en el Amazonas. Hubo una caravana de reunión hacia el norte que después tocaría el sur del país, para reunir a los hablantes de lenguas indígenas que darían su flor a los demás hablantes del mundo. Cuando la voz del trueno llegue a la tierra del león, el proceso sería inminente.

Pero hay dos grupos. Hay uno que quiere reprimir cualquier esfuerzo espiritual y otro que deberá luchar contra todos ellos, que será atacada además por el virus 19 que sigue matando vidas humanas. El primero tiene recursos y tecnología. Estrategias de combate y métodos de recopilación de datos sin embargo la resistencia ha progresado y sabe que está frente a las últimas oportunidades de “aksabek faklimshakar”. No hay mañana si no se detiene la cerrazón.

A Absalón le habían entregado el fragmento de verdad de otra manera. Pero sin dudarlo la cancelación de la reunión implicaba amargura y cierta desolación. También fue cancelada la danza de la luna, que juntaría en octubre a más de 600 mujeres de distintos lugares del mundo que ofrendan rezos, temazcales y danza para la armonía única y los fractales del universo. La cancelaron de último momento. Las condiciones por la pandemia seguían siendo reguladas para evitar propagación del virus.

Nadezda nos citó en Cholula, con Absalón acordamos encontrar una respuesta o al menos intentar descifrar cuál era la misión que aún faltaba. Ibamos debajo del cerro, es la pirámide más grande que hay pero está oculta nos decía el guía. 7-27-7. Dimos las palmadas en ese orden y se acercó, priviet, dijo. Gracias por venir.

Ella sabía de las dos piedras y del collar, dijo que estaba la opción de que le entregáramos lo que teníamos y que ella lo llevaría hasta un lugar en Asia, donde monjes tibetanos se habían reunido con religiosas rusas, rebeldes kurdas y un sabio musulmán para avanzar en la tarea con la orden de África.

Absalón le dijo claro que no había certeza que ella no perteneciera al Magnuzi. Niet. Es inconcebible, si así fuera ya habrían sido eliminados. Ellos están preocupados en interferir en los descubrimientos científicos. Ya hay grupos encargados de perpetuar los conflictos y los que están extrayendo la materia mineral para desertificar y nulificar la vida.

No sé todo, dijo, pero hay cosas que ya son muy claras, mucha gente no se está involucrando, se ha perdido la conexión mística y eso les facilita la tarea. No se quiere el hogar Tierra, los tienen quietos con aparentes avances tecnológicos cuando deberíamos vivir en un mundo natural y con tecnología que no daña a las especies.

La otra opción es que se anuncien ante los entes de cielo y que sean luz y oscuridad. Fuimos a Reyes de Juárez, en la Cueva del Cantarranas hay un pozo donde hace unos 80 años esperaban sacar agua para riego pero los trabajadores se asustaron porque había visto al demonio. Nadezda nos dijo que era un portal en el cual uno de nosotros podría entrar y llegar a dimensión Iapaskan según sus mediciones aunque existía la posibilidad de entrar a un hoyo negro.

Las noticias llegaban de Roger, Reinhard y Andrea, habían sido premiados con el Nobel de Física por sus descubrimientos sobre hoyos negros. Pensé que si el pozo era un hoyo mis piernas se alargarían hasta reventar girando en espiral hasta perderme en el secreto del universo, sin luz. La ciencia decía que no afecta en nada a la Tierra los hoyos ya que solo es su entorno pero no contaban en que en la Tierra misma tuviera aquellos fenómenos.

Antes del dia omega, visité Teotihuacán, imaginé a nuestros antepasados caminando por la avenida de los muertos, después me fui acercando pisando Tekalli de Herrera, su majestuosa ex Hacienda me dio tranquilidad. Absalón preparó el descenso, hablamos con unos de los dueños de las cuevas que esperaban el diálogo sobre el destino próximo del lugar, nos dijo pues tengan cuidado no se bien que buscan allí. El centro de la galaxia, el movimiento de las estrellas, le dije sonriendo.

Absalón eligió después de acompañarme a la entrada del pozo, ir a las pirámides de Santo Nombre, en los alrededores ejecutaría de noche los pasos que le dijo Nadezda esperando el contacto.

Este texto es el fragmento de la carta enviada a la Casa de la Poesía Indígena y que en memoria de estas dos personas de quienes no hemos podido obtener mayores datos dejamos constancia para los efectos que mejor convengan.


Sergio Ferrer. Estudió Comunicación y Periodismo en la UNAM. En 2009 llegó a la Montaña de Guerrero en un programa de alfabetización de la UNAM a Xalpatláhuac, comunidad nahua de la Montaña de Guerrero. Posteriormente trabajó en la Jornada Guerrero, El Sur, Agencia Quadratín y Los Angeles Press. Obtuvo el Premio Nacional de Periodismo 2012 en categoría Noticia. Mantiene desde 2009 un proyecto musical denominado Kukulkan Sonido Antisistema miembro de Anahuak Zulu. Reportero, tallerista de rimas y rap, coordinador general del medio nativo digital LaDekonstruccion.com

Editorial

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