YO MÁS QUE UNA RESEÑA, TENGO UN COMENTARIO
Sobre Sendero de suicidas de Rubén Rivera

Zel Cabrera

Rubén Rivera

Sendero de suicidas

FCE (Fondo de Cultura Económica)

México, 2021

105 pp.

Nunca he sido de esas personas que creen en los propósitos de Año Nuevo, cargados de buenas intenciones y metas por lo general inalcanzables. Tiene por lo menos una década que no uso ropa interior roja en Noche Vieja ni acompaño la tradicional cuenta regresiva con uvas. Sin embargo, contrareando mi pesimismo la única meta que me propuse este año fue leer 200 libros más de los que leí en años anteriores.

No sé si me contagió la idea de comenzar un año nuevo plantándole cara a las cifras de contagios y muertes por la pandemia que subían como espuma o simplemente fue un ocio, pero desde los primeros meses del 2021 mi reading challenge de Good Reads ha mostrado buenas cifras. 

Hasta la fecha, he leído 143 libros de diferentes géneros, todos ellos literatura. Quiero decir, que llevo más de medio año leyendo solo por deporte, como quien entrena no para ganar unas Olimpiadas sino porque siente que ya su cuerpo no estaba en forma y necesitaba ejercitárse antes de que los músculos perdieran elasticidad. Dicho pues de otra manera, hay quien cuenta sentadillas y abdominales, yo voy contando los libros que leo en mi aplicación milennial.

En este camino, casi siempre mis opiniones, mis impresiones personales sobre mis lecturas las guardo para mí o para los amigos más cercanos con los que intercambio mensajes, a veces les grabo largos audios de WhatsApp. Si un libro me emocionó como fue el caso de Los Abismos de la colombiana Pilar Quintana, corro a decirles a todos que lo lean, comparto citas en mi Instagram y procuro etiquetar a la autora para que sepa lo emocionante que fue leerlo.

Por el caso contrario, si un libro me decepcionó, me aburrió, me cansó o me puso triste, solo marco la lectura como leída y sigo con el siguiente en la lista de espera, sin hacer mayor alharaca. Hace no mucho que aprendí a no decir tan a la ligera realmente lo que verdaderamente pienso, en México hacerlo es peligroso, sobre todo si eres mujer, y si a eso le sumamos mis 30 y tantos años, no haber estudiado letras, no tener algún tipo de cofradía poderosa dentro de los círculos culturales, emitir a diestra y siniestra mis opiniones puede resultar molesto, cansado, por decir poco.

Pero a veces, como hoy, me siento arbitraria y opino. Hoy más que una reseña, tengo un comentario. 

Algo del libro número 143 de mi reto de lectura hace que me resulte imposible de callar u omitir: es un libro que hubiera preferido no echar a mi carrito de compras, y no por el precio, casi nunca me duele pagar los libros que leo, y a decir verdad, este poemario resultó relativamente barato si lo comparamos con otros, sino porque en su lectura encontré todo aquello que me molesta de nuestra tradición; más de los mismo y algo más.

Mi lectura número 143 fue Sendero de suicidas de Rubén Rivera, libro de poemas que resultara hace unos meses ganador del Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes, el galardón más importante en este género literario, el premio Nobel mexa para los poetas que vivimos en México. Debería pues, ser un libro de poemas extraordinario, brillante, entrañable, quizá solo por el hecho de  haber sido elegido de entre todos los trabajos que llegaron al certamen, pero no lo es. Su lectura me resulta decepcionante.

Dividido en diez apartados: “Bala”, “Agua”, “Soga”, “Gas”, “Veneno”, “Barbitúricos”, “Anhídrido carbónico”, “Raíles”, “Vacío” y “Diversos”, están repartidos 49 mónologos en verso que lo mismo podrían ser uno solo.

En Sendero de suicidas, Rubén Rivera usa, gasta y vuelve a gastar el recurso del monólogo lo largo de todo el libro para retratar torpemente lo que se supone que fueron los últimos momentos de vida de poetas como Alejandra Pizarnik, Jorge Cuesta, Jaime Torres Bodet, José Asunción Silva, Alfonsina Storni, Paul Celan, Pablo de Rokha, Manuel Acuña, Gérard de Nerval, entre muchos (muchos) otros (muy pocas otras, cabe señalar la ligera ausencia de poetas mujeres) poetas que decidieron quitarse la vida. La lista es extensa.

A lo largo de este cansado recuento de poemas sobre poetas suicidas, jamás hay una vuelta de tuerca, algún giro inesperado, alguna experimentación de lenguaje o de ritmo que nos haga ver la madera de Rivera como posedor de la máscara del poeta suicida en cuestión para desdoblarse con los elementos prestados en su propio poema a través de los diferentes alientos, quiero decir que en el poema en el que habla la poeta rusa Marina Tsvetáyeva tiene el mismo tono y registro que el del mexicano Jaime Torres Bodet, sin que nada de su origen o de su biografía o de su obra sea importante para la recreación poética que hace Rivera en sus versos. Esto me lleva a pensar que el autor no está siquiera familiarizado con la obra del poeta al que invoca y solo hubiera realizado su libro en torno a una lista de enciclopedia en línea para conservar una unidad temática artificiosa y banal.

Todos los poetas suicidas, según este poemario, escriben y respiran igual. No hay tesituras distintas o cambios en el ritmo de los poemas. Sin importar si son griegos, rumanos, chinos, suizos, argentinos, rusos, italianos, portugueses, húngaros o mexicanos escriben igual. No importa tampoco si murieron pobres o ricos, si los poetas tomaron su muerte por mano propia a causa de enfermedades terminales, mentales o persecuciones por causa de su preferencia sexual, como fue el caso del poeta norteamericano Hart Crane, quien se quitó la vida después de recibir una paliza por confesarle su amor a un marinero: 

Heart Crane (Estadunidense, 1899 – 1932)

Constructor de alas. Sin experiencia hizo sus alas a su medida para emprender el vuelo. 

*

Estoy solo en el aire azul. ¡Oh, espuma de la marea, abismo blanco de la luz!

El cáliz de la muerte me envuelve. El canto de la luz deja caer una lágrima de eternidad. 

El aroma a sal me invita a ser parte del océano. Amo su inmensidad y vuelo desde la borda.

¡Adiós a todos! ¡Nos veremos en la orilla del jamás! 

O el poema en donde escribe Sylvia Plath:

Sylvia Plath (Estadunidense, 1932 – 1963)

Puedo hacer un pastel con la luna, un brownie con tu corazón, amor mío. Feliz muerte a ti. Ves cómo puedo cantarme ahora que ya no puedo hacer nada con mi vida. 

*

Despierto a las seis de la mañana. Los árboles sudan nieve, las casas están ciegas y las cañerías petrificadas. Me visto, bajo a la cocina. ¿Cómo saber cuánto tiempo hay antes de morir? Mi vida se despliega ante mí, como las ramas de la higuera verde. El amor es un precioso líquido, que cuando se derrama te deja seco y vacío. 

Preparo el desayuno a mis hijos; sólo hay pan, mantequilla y leche. Se los llevo, regreso a la cocina y me encierro. Tapo los requicios con trapos cochambrosos. Me peino por última vez. Abro la llave del gas y meto la cabeza en el horno. 

Siento un gran escalofrío, pero para mí, morir es un arte. Lo hago tan bien, tan bien, que parece mi obra maestra. 

Rivera comete más de un descuido en este libro, pero uno de ellos es romantizar y endulcorar en su discurso las muertes autoinfligidas, y lo escribe en un país en el que el año pasado se registraron 7, 896 suicidios según el INEGI. 

Eso sin mencionar todas las imprecisiones biográficas en las que cae. Los lugares comunes en torno al siucidio, las cursilerías y los versos ramplones que acompañan estos monólogos en los que lo único que acaso, podemos rescatar es la eruditez del poeta por enumerar a tantos y tantos nombres portentosos, y tener la gentiliza de ponernos su nacionalidad y sus años de nacimiento y muerte, a falta de creatividad para poner un título que de luz a cada suicidio, que lo haga diferente. No obstante, es triste decir que a las 10 hojas ya leíste toda la posible propuesta. Se acabó pues, muy pronto, el truco del mago al que todavía le queda tiempo de show.

Otro libro de poesía, que habla de poetas, que seguro solo interesará a los poetas mexicanos que aspiran a que su libro también, algún día tenga un galardón. Otro libro más que ganó por ser unitario en tema y forma como dictan hoy en día las razones de los jurados calificadores que aplauden libros cuyas propuestas son artificiosas, en su gran mayoría. Nada nuevo bajo el sol. 

Otro libro del Aguascalientes que se va a empolvar en el librero por no dar nada realmente importante. 

Un número desafortunado más en mi challenge de Good Reads.

Editorial

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