Amores imperfectos

Hiromi Kawakami

Amores imperfectos

Acantilado

Barcelona, 2016

140  pp.

Life is imperfect bodies and perfect sounds.
“Peach”, Future Islands

Me gusta pensar en la narrativa de Hiromi Kawakami como si del mar se tratara. Cuando estamos en la orilla y la marea sube, algunas veces te golpea con fuerza, otras, pese a ser suave, en conjunto con el viento frío, te despierta. Su narrativa permea lento, al final te deja la humedad, irónicamente como recubrimiento logra despabilar la sensibilidad y crea una brecha para organizar el sentir en pos del claro pensamiento. Las olas embisten, el agua fluye, de esta manera presenta la vida Kawakami, como cualquier cuerpo de agua cuyos movimientos, profundidades y tonos son tan variados que lo hacen poco predecible, imperfecto.  

Así lo podemos ver en Amores imperfectos que lejos de ser una antología de cuentos cortos acerca de romances exitosos y fallidos, apunta a la convivencia con las formas en qué reconocemos y expresamos nuestros sentimientos, desde ansiedades hasta frustraciones. La base de la antología es la idea de lo estacionario y la manera en que los personajes logran sobreponerse a ello al reconocer y aceptar sus sentimientos, necesidades y posibilidades. Encontramos la fragilidad estacionaria de la humanidad y a su vez, la clave de la supervivencia, una temporada de resistencia.  

Elegí cuatro cuentos para presentar la antología: “La cafetera” (5to. 27–31pp.), “Amores imperfectos” (6to. 32–36pp.), “Estampa primaveral” (14vo. 75–79pp.) y “La tristeza” (15v. 80–84pp.), por la sencillez y naturalidad de las escenas que llevan a presentar la vida como temporadas simples y ciclos que fluyen, siendo esta la esencia de la antología. 

En “La cafetera” hallamos la propuesta de reconsiderar los sentimientos más profundos del corazón. Aquí nos encontramos con una joven que se esfuerza en controlar su anhelo por su pareja debido a que teme abrumar o incomodar, sin embargo, necesita sentirse satisfecha. Aunque algunas veces no estemos de acuerdo del todo con aquello que sentimos, está ahí, no hay manera de cancelarlo, es entonces cuando llega el momento de la negociación para expresarnos. Las emociones son un tema difícil de manejar, no obstante, su pureza inherente—independientemente del tipo de emoción en que pensemos—y la intensidad con la que se presentan, son cuestiones que deben ser vistas desde una perspectiva amable, a favor de nuestro crecimiento. La protagonista maneja una voluntad fluctuante. Anhela ir a casa de su pareja, pero en igual medida teme molestar al acudir sin previo aviso. La imagen de la cafetera que acompaña su decisión final resume en calma el contradictorio vaivén. 

En cuanto a “Amores imperfectos”, vertebra la antología y por tanto le da nombre. En esta narración ubicamos a tres amigos y su necesidad de reunirse a celebrar un Año Nuevo tardío —o más bien de lo que implica un festejo, el hecho de sonreír en un lapso de tiempo para alejarse de la preocupación del alquiler, del sofocante anhelo de cercanías románticas, entre otras cosas—. Sin embargo, la fiesta acaba y las preocupaciones regresan. La vida real nos alcanza, pero nos recuerda que en cualquier momento hay descansos. Este cuento nos remarca nuevamente la profundidad de los sentimientos, emociones y necesidades humanas de vivir por temporadas, entre descansos y rutinas, entre felicidad y tristeza, sin olvidar por sobre todas las cosas el amable manejo de los deseos más profundos del alma.  

En “Estampa primaveral” el pequeño narrador de diez años evoca la imagen de una chica diez años mayor que él, de la cuál se enamora, sin embargo, también es capaz de reconocer las imposibilidades de la elevación del romance. Es así como menos pasional que un amor de verano, se enmarca una ligera y fugaz brisa de primavera cuando contempla a la chica en una colina mientras dibujan. La narración se percibe y encapsula como un recuerdo de la mente infantil en lugar de concebirse como tiempo presente.  

En “La tristeza” la protagonista narra una temporada: la de coincidir con alguien, el reconocimiento de disfrutar su compañía, ser pareja. Esto supone, por un lado, dudas y miedos aunados al salto de fe. Cuando la protagonista reconoce su relación, emerge la corriente hacia una temporada feliz. No obstante, eventualmente llega otro momento: la ruptura y la introspección de su idea del amor. ¿Cómo sabe uno que ha amado realmente, si cuando superas tu amor se erosiona tanto la idea que apenas la recuerdas? Todo pasa, el mundo funciona cíclicamente, de forma inevitable nuestras vidas y lo que experimentamos en su transcurso también. Las estaciones son necesarias. La joven llega al final de una relación y procesa su tristeza abrazándola, la imagen se presenta melancólica, sublime y natural.  

La narrativa de Kawakami invita a la resistencia y en este caso refiere a lo estacional, así como una marea sube y baja, llega un momento de calma, el mantenerse firme en las estaciones tempestuosas es el secreto de la supervivencia. Hiromi Kawakami actúa como un manto solemne de paz y objetividad al vislumbrar la acidez de las manifestaciones de las emociones y de los sentimientos. Su talento, sin duda, es la capacidad para describir las sensaciones por medio de pequeñísimos y casi imperceptibles gestos, palabras, movimientos y actitudes que nos llevan a reconocer la vulnerabilidad humana. Su narrativa es un vaivén sofisticado, un sublime descubrimiento de las profundidades de la sensibilidad y afecciones humanas escondidas en los minúsculos hechos diarios.


Yosbeli Delgado González (Puebla, 1997). Medievalista y japonista. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica en FFYL, BUAP. Columnista en Tríada Primate. Participó como editora en Ellipsis(Hay Festival, Querétaro: 2019)

Editorial

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