Dos poemas


Tenemos una conglomeración de lombrices,
cada lombriz se come la cola de la otra,
nos dan la tierra que subimos a la azotea.

También tenemos un huerto, 
el hogar que es una composta entera,
un largo, largo, huerto y muchas semillas:
crecen simétricas las acelgas, el pak choi; simetría radial.
Nos llenamos la tráquea de lavanda, de girasoles,
Vanagloriamos al fruto del nopal, emerge el nabo, 
se exprime por la tierra la zanahoria, la cebolla.
El lento brócoli y la romanesca espiralean, 
se atiborran los chiles, los ejotes y los chícharos,
tenemos dos ajolotes y filamentos por toda la casa.
Nosotros estamos aquí, con el huerto, con tres perros, el garambullo, 
con gallinas y gallos que copulan después de que nostros nos amamos.





Estámos aquí: las mil lombrices, 
un hervidero de lombrices,
dos ajolotes branquiales, 
el amor, el huerto, los tres perrros, 
ella y yo…
a la espera de que nos maten.



Entre los dientes se escurre una baba canicular, 
un chasquido entre mandíbulas trabadas, 
las quijadas duelen al golpeteo de las liebres,
su hocico conlleva el delirio de la escasez:
una sequía de pieles negras de xoloescuintle.

Sus belfos quebradizos se hunden entre migajas de 
un pan expuesto al sol por muchos días, 
en sus pulmones fornican los escombros, 
su diafragma vibra con la tos que acompaña 
al moribundo, debajo de sus vértebras 
lumbares hay crisálidas que nos perturban, 
en su garganta vaga el eco de un violín de cuerdas laxas, 
crasas seccionadas verticalmente escurren jugos gástricos,
y sus ojos se doblan de silbidos. 



Mis intestinos se han hincado al ver la escena, 
he llorado rabia, he amado con hastío.


Acaricié su cráneo como si lo hicieran conmigo,
tuve empatía ante el desplome.
Encallaba hueco, sus ojos parecen ajados;
mira mi reflejo y sonríe, aunque ellos dicen que los perros 
no sonríen.


Algunos críos indiferentes rondan entre juegos.
Aquel mamífero amorfo era un alcoholico, un errante 
echado a su suerte en la puerta de su casa. 


Me senté y acaricié su rostro, me llené de bochorno para aligerarle un poco, 
limpié su vómito, pasé mis dedos entre su cabellera magra.

Vergüenza: abren la puerta y lo encuentran tirado 
entre mis brazos que acarician la talla, 
las moscas magullan sus labios.


Alfredo Lozano. Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2018. PECDA Qro 2019. Tapatío, pero con el corazón de paso entre la Cdmx, Oaxaca, San Juan del Río y ahora Neza. Un jueves 19 de noviembre del 87’ amanecí entre espasmos. Estudié Matemáticas en la Facultad de Ciencias de la UNAM, y cursos de literatura y creación literaria en Casa Lamm, en la Facultad de filosofía y Letras de la UNAM, en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, y en el Centro de Escritores Literaria. Con corazón de garambullo, moriré chapeado, coloradito como el mole, rizado. Soy un poco cactácea, un poco mantarraya y bastante colibrí. 

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