La desconocida conocida

La conozco sin conocerla. No sé su nombre. Sus pasos no me pasan desapercibidos. He empezado a buscarla. Se ha convertido en una señal que marca el día de la semana. Ella es mi compañera a la distancia.

Es sábado y ella está ahí, camina hacia la entrada del Reclusorio Sur. Trae una falda larga que arrastra en el suelo. Tiene un bastón en una mano y en la otra carga dos bolsas de mandado. Parece cansada. Carga un gran peso y sin embargo siempre está ahí, sonriendo y llevando todo lo que puede. Apoya las bolsas en la espalda, buscando ese soporte que el mundo no le da.

Su trenza negra, cada vez tiene más huellas del tiempo. Ella baja sus bolsas un momento y se muerde las uñas mientras espera la hora de entrada. Su rostro y su cabello exhiben las insignias de su paso por éste lugar. Atravesar estás paredes te quita más de lo que puedes nombrar.

Ella es la desconocida que conocemos todas. Le sonríen al pasar. La dejan adelantarse en la fila, nadie se atreve a agregarle un peso más. Ya lleva demasiado. Dentro de sus bolsas, se esconde un misterio: el de los lazos que la traen a éste lugar.

¿Quién es aquel que la espera al otro lado de la reja? ¿Recorrería él los mismos caminos por ella? No sé la respuesta con certeza, pero puedo imaginarlo.

Me imagino a Nadie despertándose antes del sol por ella. Bañándose con agua fría, porque no tiene el tiempo para esperar a que se caliente. Nadie guardando en dos bolsas su comida y cosas favoritas. Rezando para que el camino no sea agitado y que no se le vuelva a caer el caldo de pollo. Nadie viendo las marcas que las azas dejan en sus hombros por el peso. Nadie sonriendo cuando la ve, porque eso hace que todo valga la pena. 

Nadie esperando, entre semana cuando verla no es una opción, pacientemente cerca del teléfono su llamada. Él no es Nadie. A él se lo llevaría el viento si ella estuviera del otro lado de la reja.

Él no iría. No podría con el peso, se rehusaría a cargarlo. El sábado de visita, para él sería sábado de football. Cargar dos bolsas pesadas en el transporte público, mientras el sudor le escurre por la nuca no sería algo que él escogería. Él se iría por la alternativa: su sábado de beber y ver la tele. Caminar dos cuadras para llegar a la casa de su hermano. Una cerveza fría y un plato de chicharrones esperándolo. 

Ella sí carga el peso, recorre el camino. 


Andrea Velarde López. Estudió Escritura creativa y literatura en la UCSJ. En 2014 cursó el Taller de lectura en SOGEM con la escritora Kyra Galvan. Publicó los artículos Mi normalidad, Las olvidadas: Mujeres dentro del sistema penitenciario, La cárcel como microcosmos de México, ¿Familia en la cárcel? y ¿Servicio Médico o “Méndigo”? en el blog de Documenta. También ha publicado textos en la revista Estroboscopio y en La Desvelada.

Editorial

3 comentarios sobre “La desconocida conocida

  1. Sensible y real, la Sra del cuento existe…mujeres dignas de respeto mujeres esforzadas. Muy bien contado. Felicidades Andrea por tu sensibilidad…

  2. Escritora me transportas a un mundo real que para muchos es totalmente desconocido e indiferente sin duda podemos ver la fortaleza de mujer, madre esposa, virtuosa que ama y no abandona su compromiso de estar en las buenas en las malas y en las peores
    Felicidades 2 Corintios 5:17

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