Breve comentario sobre
Los nombres propios de Marta Jiménez Serrano 

Marta Jiménez Serrano

Los nombres propios

Sexto Piso

España, 2021

236 pp.

Zel Cabrera

Hasta casi cumplir los siete años tuve dos amigas imaginarias: Naná y Chichí. Hablaba con ellas, me peleaba con ellas, pero sobre todo, me hacían sentir que no estaba sola en el mundo. Algo muy importante para una hija única como yo. Algo muy importante para una niña con parálisis cerebral (como yo) cuya capacidad para algunos juegos infantiles estaba limitada por su cuerpo y por ende también su socialización con otres niñes. 
Desde entonces -o al menos eso creo- aprendí a hablar sola y de preferencia bajito para que mi mamá no se asustara de mis juegos infantiles y pensase que veía fantasmas o que estaba loca. 
Los nombres propios (Sexto Piso, 2021) de Marta Jiménez Serrano me recordó a aquellos tiempos de hablar sola y de hablar con mis amigas imaginarias. ¿Qué les diría ahora si pudiera invitarles un café? ¿Se acordarán mejor de la niña que fui? ¿Recordarán la voz de mi abuela materna que lleva casi veinticinco años muerta? Son muchas las preguntas que se me antojan luego de leer la primera novela publicada de Jiménez Serrano. 

Llegué a Los nombres propios luego de leer los poemas de La edad ligera, libro merecedor del Accésit del Premio Adonáis 2020. Eso -supongo- que pasa con las escritoras como Marta, nos hacen que nos apetezca seguir leyéndolas, y las buscamos para ver qué más nos pueden decir. 
Llamó mi atención que fuese una novela y no otro libro de poemas como sería lo más lógico y el salto se me antojó aún más. Incluso en la poesía alcancé a asir elementos narrativos importantes dentro del lirismo y el diálogo con la tradición que propone y sostiene La edad ligera, es decir, consciente o no ya había pistas de las intenciones y las obsesiones de Marta: encontrar las palabras, nombrar las cosas, pero sobre todo nombrarse a sí misma. 
A través de la escritura de la autora madrileña puedo darme cuenta de esa intención, pero también del acto de mirar al pasado y darle el valor a las cosas simples que por prisa o por descuido pasamos inadvertidas y con el paso del tiempo olvidamos o guardamos bajo llave en algún sitio de nuestro inconsciente: los juegos de la infancia, las preguntas incómodas e inocentes, los consejos de nuestros congéneres, la comida, los olores, las primeras sensaciones.
Lo que hace Marta Jiménez Serrano en esta novela es entrañable, a través de un diálogo constante con Belaundia Fu (su amiga imaginaria de la infancia) pero también mediante un desconocimiento, la autora nos hace partícipes de sus descubrimientos y sus asombros. Nunca se me hubiera ocurrido que interpelar, evocar e invocar a un amigo imaginario tuviera resultados tan provechos a la hora de hablar de nosotros mismos. 
Es una novela divertida y conmovedora, que está dividida en cuatro apartados que bien pueden ser las etapas de Marta. Todas las Martas que pueden caber en la escritora reflexionando entorno al acto más natural de todos: crecer, hacerse mayor y decidir qué es lo propio y qué es de los otros. 
En Los nombres propios también podemos encontrar una reflexión necesaria no solamente sobre el lenguaje sino a propósito del oficio de escribir y de ser mujer: 

“Escribir y limpiar. Se hacen por una mezcla rara de inercia y de necesidad. Son arduo trabajo no remunerado. Al que nunca lo ha hecho le parece sencillo. Si dejas de hacerlo durante seis días, estás incómoda; si lo abandonas más de doce, el caos empieza a dominar tu entorno; si aguantas veinte días, el espacio que te rodea se vuelve insoportable. La escritura y la limpieza. Tú con veintisiete años tecleando, concentrada, frunciendo levemente el entrecejo. Tu abuela con veintisiete años, frotando, concentrada, frunciendo levemente el entrecejo. Escribir y limpiar: la entrega, la atención y el esmero sin esperar nada a cambio, con el simple propósito de hacer el mundo un poco más habitable”.

Los nombres propios recoge muchas de las preguntas y experiencias de todos aquellos que crecimos en los 90’s y también las preocupaciones generacionales: el amor y sus conflictos, la familia, pero sobre todo la incertidumbre y el desamparo. 
Nunca había subrayado tanto un libro como dejé marcado mi ejemplar de Los nombres propios, o al menos no una novela. 
Estamos ante una hermosa entrega y somos testigos de la inteligencia, la sensibilidad  pero sobre todo la lucidez de la autora que echa mano de cada uno de sus recuerdos para hacerlos crecer y convertirlos en algo más que un anecdotario o un diario personal, algo que he notado con desilusión en propuestas de narrativa contemporánea y que en este libro no sucede pues Jiménez Serrano hace un recuento de situaciones cotidianas e íntimas desde la intención de entenderlas y ponerles el nombre exacto a cada cosa. 

Creo que los lectores de Los nombres propios encontrarán una novela divertida y necesaria, escrita con un tono fresco que les ayude a reconocerse o a conocerse a través de sus propios nombres propios. 


Editorial

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