Herencia literaria


Con la escritura es que he aprendido a ser quien soy, me expreso a partir de las palabras que descubro e intento llevarlas a escena con mi cuerpo en el escenario por medio del drag.

      Empecé a escribir con conciencia de que lo que estaba haciendo era mi motor de vida en mi infancia, llevaba siempre un cuaderno extra a la escuela y a todas partes, donde anotaba las ideas que se me ocurrían en cualquier momento. Debo de confesar que no conservo mis primeros cuadernos, por alguna u otra razón los perdí, me los robaron o los tiré. Respecto a eso me surgen dudas, para empezar, ¿todos esos textos perdidos a quién le pertenecen si no los pude firmar? ¿Quién es la dueña de esas palabras? ¿Qué va a pasar cuando muera con mis textos? Si soy a partir de lo que expreso de forma literaria, ¿dejo de ser yo cuando no escribo? Cuando muere el creador que toda su vida escribió, ¿revive al momento en que alguien le descubre y lee de nuevo o este recuerdo es sólo una extensión de su obra? ¿Alguien habrá descubierto los cuadernos de un niño que escribía lo que apenas podía expresar y los guardaría? ¿La primera obra de un escritor realmente vale de algo o son puras exploraciones que no tiene sentido recordar?

      Sea como sea, a pesar de las pérdidas de mis textos seguí registrando lo que pasaba a mi alrededor y cómo me sentía hasta que fui aprendiendo que lo que hacía lo podía mejorar y compartir, estudié formación literaria en la Escuela Mexicana de Escritores y tomé talleres en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia con diferentes maestros escritores que me guiaron en mi proceso.

      Uno escribe mucho en la escuela pero a veces no lo haces pensando que puede compartirse ese texto con el mundo, tuve de maestro al poeta Raúl Renán quien me alentó a sacar a la luz mis primeros poemas y me impulsó a editar mi primer poemario, Poemas Crónicos (2012), un libro que fue difícil de hacer pero muy gratificante, en el proceso de edición me preguntaba muchas cosas al ir descubriendo cómo se hacía un libro, las cuestiones legales para producirlo y de derechos. ¿Qué pasa realmente y de dónde viene la idea de tener que darle al estado una copia de tu obra y tener que pagarle para que te de el derecho como autor de decir que esos textos son tuyos y te pertenecen?

      El registro de obra es un proceso medio extraño, pues el gobierno está confiando en que digas la verdad al decretar que lo que registras y presentas es de tu creación. Te creen y te dan tu certificado y luego sacas el ISBN para poder generar el código de barras que te permita introducir tu obra al sistema capitalista e integrarlo a las librerías que permitan que un tipo cualquiera, sin la experiencia en ventas o distribución maneje e intente compartir. Otra cosa extraña, antes de eso, es ponerle precio a tu obra, precio que por una parte si decides hacerlo con un tipo de papel u otro, a color o a una sóla tinta, de un tamaño, encuadernado o pegado, independiente o con editorial de respaldo, es entendible que cueste lo que pagas por imprimir, pues los materiales tienen un costo, pero lo interesante viene después, al momento de registrar el libro tienes que poner un precio de venta, y debes pensar en lo que vas a recuperar por el tiraje y en otra cosa más difícil, cuánto vale lo que hiciste, que además debe ser un precio no tan exagerado y promedio para que se pueda vender, tomando en cuenta que no eres el escritor más conocido por el que todo el mundo quiera un poco, si no que vas empezando a difundir tu obra.

      Al haber hecho ya todo ese proceso, me pregunto ahora, ¿el artista es realmente dueño de lo que crea? ¿Pasa a ser la obra propiedad de quien la adquiere o qué pasa?

      Yo creo que lo que he publicado ya no es mío al cien por ciento, es de quien lo admira y aprecia, si bien yo lo hice, al momento de entregarlo a los demás se desprende una parte de ti y de alguna forma vives un duelo, un duelo que se cura viendo tu obra conectar con el otro.

      El crítico peruano Juan Acha en su libro Arte y Sociedad Latinoamericana (FCE, 1979) introduce el tema del arte más allá de su objetualidad y de su circunscripción al mundo artístico, propone pensar la obra como un sistema de relaciones en que el objeto es tan sólo algo inscrito en un sistema más amplio, donde se cuenta también entre esos elementos con la recepción y el mercado, Acha propone que en la obra debe funcionar un análisis de condiciones de producción y así la obra pueda transformarse en comentario del objeto mismo, es decir, que apele a la concepción de una materialidad diferente, separando la idea del artista como productor de obras. Esto lo define a partir de la plástica pero también hay cierta relación con la obra literaria, el escritor no es una máquina que genera obras a placer del mercado, una obra debe surgir también de la subjetividad misma de la experiencia del autor y esta adquiere una lectura y vida diferente al momento de ser interpretada por quien la consume, así se crea una red de diálogo con la otredad que dispara múltiples líneas de abordaje para la obra misma.

      Para mí es vital escribir, tengo una urgencia interna de nombrar y por medio de herramientas retóricas narrar mi mundo pero esta necesidad es apenas del tamaño de otra, la necesidad de compartir lo que creo. La obra como pieza artística existe al momento de enlazar tu experiencia y significantes con la mirada del espectador, al momento de que quien la consume la hace parte de sí misma y se refleja en lo que contiene, es en este punto donde pregunto de nuevo, ¿el artista es dueño de lo que crea? ¿La obra de arte debe pertenecer a más de uno para llamarse así?

      Cuando publico un texto mío, ya sea en mi blog o en una revista, con una editorial o simplemente se los leo a mis amigues, una gran parte de ese escrito deja de ser mía, ¿qué pasa con las obras que han perdurado a través del tiempo, de escritores famosos, de los cuales incluso legalmente, se les llega a decir de dominio público? ¿Si son realmente de todo el mundo por qué no recibe quien sea que le replique una parte de lo que se gana en distribución? Y ahora me pregunto otra cosa, ¿es necesario pensar la obra y quehacer artístico como algo que deba ser redituable? ¿Se puede realmente vivir del arte o estamos los artistas condenados a tener un trabajo paralelo que nos permita alimentarnos, tener una casa, sobrevivir y en nuestros ratos libres ejercer la vocación, en este caso de la literatura?

      Hay escritoras tan masivamente conocidas que pueden darse el lujo de vivir de sus ventas, pero ¿hasta qué punto se escribe para vivir o se vive porque escribes? ¿Dónde se pierde la vitalidad que te entrega tu pasión por la escritura, por crear, narrar e inventar historias que te permite expresar y ser una misma?

      Actualmente lo que escribo intento que sea mínimamente bueno como para compartirlo más allá de mis clases, creo a veces que más que necesitar escribir, es más grande la necesidad de compartir lo que hago y el fin no lo pienso de forma capitalista o de fama, no, quisiera de cierta forma generar un espacio sin territorio donde exista un fácil acceso a la comunicación y expresión de ideas y así conectar con personas que me brinden también, una retroalimentación en la que ambas partes se beneficien intelectualmente. Michel Foucault dice en su texto Las palabras y las cosas (1966) que lo propio del saber no es ni ver ni demostrar, sino interpretar, y es ahí donde pienso y concuerdo para generar un conocimiento que para empezar pueda ser entendible, sin revoltijos mentales y o términos filosóficos complejos que confundan al lector, quiero que sea accesible de interpretación lo que escriba y así facilitar el diálogo con los interlocutores que nos permita abrir la conversación en múltiples líneas.

      Acepto que me gustaría vivir de escribir y leer pero la realidad actual del país y de mi vida no es sencilla, y me pregunto: ¿Hasta dónde debo entrar y alinear mi discurso y pensamiento literario al sistema para lograr difundir mi obra sin necesidad de cobrar por ella? Pregunto esto porque me parece, hasta cierto punto, más circunstancial compartir lo que hago y conocer lo que hacen las demás personas creadoras que vender lo que hice, pero resulta contradictorio querer regalar todo y pensar en vivir de la obra.

      Yo me nombro escritor, pues lo soy al momento de escribir, ¿buscar reconocimiento? Tal vez, pero de quien quiera leerme. A veces me estresa y provoca ansiedad existencial pensar que no soy la única persona con estas ideas, habemos muchos creadores buscando un poco de luz, muchos persiguiendo convocatorias de becas y premios, todos con sueños por igual, generando contenido para diferentes espacios, ahora hablando del territorio; uno escribe desde su propio espacio corporal y sujeción que tiene como persona en el mundo y para este mismo, se usan las palabras como herramienta para transferir del cuerpo a la realidad espacial de otras mentes lo que nos atraviesa y ellos a su vez lo territorializan en sus ambientes y desarrollan en donde habitan. Para Walter Mignolo por ejemplo, la lengua no sólo es un objeto o un instrumento, sino una parte integral de la vida humana, sin embargo, bajo ciertas circunstancias históricas, entre las cuales destacaría el control colonial, el estado en su mayor parte se apropia de la lengua y discurso del autor, convirtiéndolo en objeto de estudio o en instrumento de dominación. Queda en nosotras no permitir que las instituciones se adueñen de todo nuestro trabajo con la lengua en tanto ella es en sus usos y sus usos son tan individuales como colectivos por ello, tiene el potencial de sobreponerse a sus circunstancias históricas (Delgado y Romero, 2000) y de nosotras como autoras de nuestro propia realidad adueñarnos de lo que decimos y contamos.

      Decir nuestra realidad tiene un poder fundamental, nombrar nuestra historia nos permite existir en el mundo y en el del otro, en su memoria y territorio, escribiendo podemos derribar fronteras y habitar el tiempo con su multiplicidad.

      Quiero seguir escribiendo hasta donde la tinta me lo permita, la escritura no termina cuando el lector cierra el libro o la página del blog virtual, es infinita, esta continúa en lo que quien te leyó cuenta a otros, de lo experimentado y tal vez es así donde se construye de mejor forma una herencia de la obra que como escritoras podemos dejar.

Fuentes:
Delgado, L.E. y Romero, R. J. (2000) Local histories and global desings: An interview with Walter Mignolo. Discourse, 22: 7-33

Foucault, M. (1966) Las palabras y las cosas, una arqueología de las ciencias humanas 1968, Siglo XXI Editores, S. A. de C. V. Trad. Elsa Cecilia Frost

ACHA, J. (1979) Arte y sociedad Latinoamericana. El producto artístico y su estructura. FCE


Rhye Rodríguez (Anne Feta Minaj). Dragqueen y poeta, no binarie y neurodivergente. Estudiante de filosofía e historia de las ideas en la UACM de día y medium por las noches, escribe poesía autoconfesional y cuentos de terror para niños. Estudió creación literaria en la Escuela Mexicana de Escritores y en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura. Llegó a la final en la primer edición All Stars de La Carrera Drag De La CDMX. dragpoeta.blogspot.com

Editorial

Un comentario sobre “Herencia literaria

  1. Excelente narrativa, tan fluida que te invita a conocer más al autor.
    Publiquen sus poemas ya que un escritor como él, merece más difusión

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