Composición mustélida

Para Otilia y Dorotea

Ahí están esfinges, en fluidez inmuta.
Los huesos de sandía, los botones de granada,
encajan su paciencia en mi mirada.
Nada se mueve más que los pechos.

Cuerpos líquidos.
Las leyes físicas les permiten acomodarse
según el recipiente que las contenga:
            son una mano, una caja o un regazo.

Ahora reinan una Giza plástica,
            pequeño laberinto desierto
            tras las rejas del antropocentrismo.
Ellas han de devorarme al no resolver los acertijos de sus miradas.

Cárnico aliento predador:
tufo férrico reminiscente de una alimentación extinta.
Pelaje estacional asincrónico con el cambio climático.
Colmillos letales destructores de carnadas inanimadas.
Garras que gritan travesuras domésticas.
Morros coronados de bigotes que arrullan los sueños.

Mis ojos suyos al final.
Serán mis gusanos de hueso, músculo y pelos.
Gobernarán entonces una nueva Tebas,
serán dueñas de su destino
y cobrarán venganza
en nombre de todas nuestras víctimas.  
Seré ellas:
            Mustelia putorius furo.
Seré el final de un proceso gástrico,
manjar para los dípteros mortuorios.
Libre al fin de preguntas sin respuestas,
de preguntas que no quiero responder.          

¿Qué harás ahora?
Comienza el duelo.


Olympia Ramírez Olivárez. Estudió Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM. Actualmente reside en la CDMX. Ha publicado poesía, ensayo, traducción literaria y reseñas en medios y revistas digitales como Efecto Antabus, Página Salmón, Punto de partida, Punto en línea, Ruleta Rusa y Sopitas.

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