Elogio de las pequeñas cosas

Laura Sofía Rivero

Enciclopedia de las artes cotidianas

Ediciones Moledro

México, 2022

Lo minúsculo siempre se resiste

Isabel Zapata

Muchas cosas que he leído me han conmovido de tal manera que me paso varios minutos destejiendo la frase que ha apresado mi atención. Le doy vueltas, una y otra vez, tal vez más con curiosidad que con algún sentimiento a flor de piel. De entre todas esas ocasiones sólo recuerdo una vez que me sorprendí hipeando y sorbiendo mocos. Y recuerdo que tardé varios días en descifrar qué fue lo que me encantó tanto de esa novela. 

Stoner, el protagonista que da título al libro de John Williams, es un profesor de la Universidad de Missouri. La novela, en apariencia, es sencilla: se nos narra la vida de ese sujeto que dedica su vida a la academia. Se casa, tiene una hija y las cosas no salen del todo bien, aunque en realidad no es víctima de ninguna tragedia monumental. Es la historia de una vida, con tristezas simples y alegrías fugaces. 

El lenguaje es llano, palabras de una existencia normal, cotidiana. Y es eso, ese detalle el que, supe después, más me cautivó. 

Soy un tipo más bien parco, creo yo. Cero carisma para la gente recién conocida, incluso podría pensarse que mi aridez emocional es apatía, altivez. Un tipo de sonrisa difícil, en ciertas circunstancias. Y es normalmente la sencillez la que me conmueve y me interpela en muchas de las grandes obras y personas a las que me he acercado.

Esa entrada un poco cursi y melancólica viene a cuento porque esos rasgos que tanto me dicen los hallé en los ensayos de Laura Sofía Rivero, autora que parece viajar con un lente extraño que amplifica los detalles que parecieran nimios, las actitudes que pueden ser pasadas por alto, los objetos que adornan nuestro día a día. Ya lo dijo Perèc: la valía está en interrogar aquello que nos ha dejado de asombrar. 

Desde Tomografía de lo ínfimo (2018) —cuyo nombre no deja lugar a dudas de la mirada quisquillosa que nos encontraremos a lo largo de once ensayos— se advierte ya esa preocupación por las cosas ante las que desviamos la mirada. La impronta del libro, y tal vez de esa peculiar mirada de la autora, se condensa en una frase: “La humanidad se cifra en las moronas, las células y las pelusas”. 

En ese libro, Rivero explora precisamente lo colosal que se posa en lo minúsculo, lo fundamental en el detalle. Y es que los grandes temas se van construyendo a partir de pequeñas respuestas, de gestos sutiles ante las situaciones que aparecen de pronto en nuestras vidas.

Enciclopedia de las artes cotidianas (Ediciones Moledro, 2022) sigue esta misma línea, la de la mirada curiosa que desvía su atención de la película para ver al público. El tiempo desgasta y tiene la extraña costumbre de traer consigo la costumbre. Como una rémora, ésta se aferra a nuestros ojos y pasamos la vista de largo ya sin mirar. Es por eso que muchas veces nos sorprende la mirada del turista, porque la novedad le trae sorpresa y, aquí lo interesante, algunas veces reflexión en torno a ello. Rivero carga también con esa mirada de viajero.

Sofía Rivero aboga de entrada por los libros misceláneos, en una especie de rebelión ante la uniformidad y unidad que parece imperar en el panorama editorial actual. Enciclopedia de las artes cotidianas tiene cuatro grandes bloques, y aunque los textos guardan distintos tonos y registros, parecen llevarnos de la mano a través de ellos. 

En un estilo socarrón, la autora deja a veces filtrar una crítica a través de un humor filtrado que desmiembra situaciones como el visitar el zoológico; que corta con bisturí fino acciones cotidianas como el tener que compartir espacio con un roomie o esa insana tendencia a vestir y cuidar a una mascota de la misma forma (de la misma, insisto) en que se haría con un recién nacido. 

De manera sutil, pero consistente, en sus ensayos se critica la vertiginosidad que implica nuestro modelo económico, la mercantilización del amor, las redes sociales y su exigencia de renuncia a la vida privada, la exigencia de que todo tenga rendimientos. Su mirada y su pluma son rebeldes a su manera, al dedicarse, como ella dice, “al turismo de las cosas feas”.

Este libro en particular sacia de alguna forma mi curiosidad infantil. Es como acercarse a ese programa de Beakman en el que junto a su desagradable rata y su fiel amiga de turno nos mostraban cómo viendo las cosas con otro lente la física y la química, en general, se filtraban por los poros de la realidad circundante. Y entonces el niño que fuimos salía del programa un poco cambiado, un poco diferente, porque algo en nuestra mirada se había alterado. 

Cuando reflexione sobre la inmediatez comunicativa que exige el ideal de amor actual, cuando vea esos letreros gigantescos que anuncian un pueblo mágico o una localidad distinguida, cuando reflexione sobre el espacio silencioso que deje un ser que se ha alejado, seguramente pensaré en esta enciclopedia y en que la escritura “sirve no sólo para decir lo que ya sabemos, sino para descubrir algo nuevo, por ínfimo que sea”. 


Nestor Pinacho. Periodista y maestro en Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México, donde taémbin imparte clases en las facultades de Arquitectura y Ciencias Políticas y Sociales. En 2018 recibió el Premio Nacional de Novela Joven José Revueltas. Becario del Programa Jóvenes Creadores del FONCA (2018). Autor de De las cenizas en la tierra (FETA,2018) y Los Mártires Errantes (Los libros del perro, 2021)

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