La comunidad: su fraternidad sombría

Hiromi Kawakami

People from my Neighborhood 

Soft Skull 

New York, 2021

217 pp.  (Edición digital)

Varado estoy aquí 
Anclado y ciego desde el origen,
Y aquí estaré hasta el fin […]
un suceso sobrenatural que sus manos pudieron crear, 
un cachito de galaxia, bien clavado en su mirada.
“Una cachito de galaxia”,
Porter

En mi pueblito —población máxima de 400 personas— cuando alguien fallece, la comunidad visita el hogar del difunto, y los paisanos —de acuerdo a sus posibilidades— entregan flores de su jardín, veladoras, comida y dinero para ayudar a la familia. La comunidad se mueve como uno solo. A veces, este tipo de lugar —pequeño, formado por personas que se conocen generación tras generación—, se convierte en una especie de familia inquebrantable y en momentos difíciles naturalmente brinda cobijo. Los habitantes de la comunidad forjan una unión noble y confiable, emerge una red de confidencialidad fraternal —a veces, increíblemente sin (pre)juicios—.

         Sin embargo, en ocasiones es sumamente escalofriante vivir en un lugar así. Todos saben todo. Las personas conocen los secretos que tu familia oculta —más que tú mismo porque a veces tú ni siquiera lo imaginas y probablemente jamás te enteres; la comunidad se engulle a sí misma, se respeta en un convenio extraño y algo torcido. Es como si los susurros te acompañaran en cada paso y persistieran en seguirte hasta el fin de los tiempos alcanzándote en cualquier lugar, una especie de vigilancia sagrada y sobrenatural—.

         En este ambiente me ubicó la antología People from my Neighborhood Stories escrita por Hiromi Kawakami, compuesta por 36 historias que ondulan entre lo mágico y misterioso, oscilan entre lo sombrío y fraternal. Cabe resaltar que estas narraciones se pueden leer como historias independientes, así mismo fue como la mayoría de ellas se publicó en Monkey Business Magazine —número tras número en un aproximado de diez años—, publicación a cargo de Theodore W. Gossen que colaboró especialmente con Hiromi Kawakami. La traducción al inglés de Ted es admirable, debido a que mantiene la profunda oralidad de la narrativa. 

         Los 36 cuentos son historias en “retrospectiva”—quizá es más acertado decir historias pasadas, recuerdos, recuentos— de las personas del vecindario, que han crecido en conjunto —es sabido que pueden dar información de cada uno de los vecinos en diferentes etapas de su vida porque han sido testigos innegables, por eso mismo, la mayoría de las veces no importa quién narra—. Gossen menciona acertadamente que leer la antología es como reunirte con amigos que no has visto, te pones al tanto de las cosas que han sucedido. La narrativa mantiene un nivel de confidencialidad de murmullos en una cotidianidad definida. Cada historia sucede en el mismo espacio y es muy interesante que, uno como lector relaciona con naturalidad a los personajes, no sólo a nivel espacial —en la organización del vecindario—, sino también a nivel temporal y emocional —ubicando las etapas de vida y los vínculos—. La antología es una experiencia cálida y algo tenebrosa. 

         Por un lado, lo tenebroso viene en el temor del cotilleo; por otro, es contenido formalmente en el agudo mecanismo fantasmagórico de la fábula, debido a que primordialmente se sostiene en un realismo que a su vez construye una base de ficción, por medio de ella nosotros somos capaces de completar las historias a través de la especulación —nuestras ideas de posibilidades que parten de un constructo sólido de información—. Las historias se entraman en la realidad y en lo sobrenatural, se sobreponen como dos líneas nítidas del vecindario hasta el punto de fundirse concretando una idea ilusoria a la par de tangible.

         Los cuentos van desde visitas de dioses y espíritus, forjamiento de rebeldes y videntes, nacimientos de amores y enemistades fatales, historias del crecimiento  y resguardo de niños y espíritus, del hospedamiento de un joven —por medio de un mecanismo mensual— hasta narraciones acerca del deterioro de los vínculos y cambios en la adultez; todo por medio de una narración que revitaliza la realidad, dándole un giro carismático o crudo. 

         Brinda una imagen de cotidianidad que está vertebrada por nociones sobrenaturales. De esta manera, el desenvolvimiento de la delicada narrativa de Hiromi Kawakami logra enmarcar una realidad mientras hace notar las puntadas que la contienen; éstas funcionan como matices de energías sombrías. 

         El folclore que supone leer a Kawakami no es tradicional, debido a que plantea, renueva y surge como un pliego completo donde se encuentran varias aprehensiones de lo verdadero y existente en el mundo; a final de cuentas el folclore siempre está contenido en el imaginario de cada cultura obedeciendo expectativas y nociones de posibilidades que se restablecen y mutan con la sociedad.

         People from my Neighborhood Stories no humaniza a los personajes —en el sentido clásico—, más bien los muestra como un catálogo con perfiles misteriosos pero verdaderos, los dota de sonoridad inconfundible, muy viva —siendo que responden a necesidades y afecciones humanas: rencores, deseos, ira—. Y a la vez, logra construir la idea de una comunidad entera y funcional desde una perspectiva cálida —un poco sofocante por las implicaciones antes mencionadas—.  

         Cada uno de los cuentos es una experiencia inquietante a la par de confortable —por más absurdo que esto parezca—. Pensar únicamente en tu interior, percibiendo el intenso calor de la sangre corriendo, mientras la profundidad de la noche te engulle y sientes el escalofrío penetrante de un suelo tan helado que lastima, es lo que genera esta colección de cuentos, un (re)surgimiento de sensaciones internas y externas coexistiendo en un mismo tiempo y espacio. Ello: un par de nítidas realidades sobrepuestas, que son concebidas como posibles —y ocasionalmente se perciben como esperanzadoras—.  


Yosbeli Delgado González. Medievalista, japonista y feminista. Estudió Lingüística y Literatura Hispánica en FFYL, BUAP. Columnista en Tríada Primate. Participó como editora en Ellipsis (British Council, Hay Festival, Querétaro 2019).

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