Cuatro poemas

Nostalgia diminuta

Esta tarde perdí un arete

mientras recorría a paso ligero

el barrio donde vivíamos.

Ahora, una de mis orejas 

va desnuda.

¿Tendré que recluir

la joya solitaria 

al olvido del cajón?

El arete impar

resplandece por sí mismo.

Su compañero,

perdido tesoro 

como tú,

ignora el dolor

del acontecimiento.


Mi alma 

Es hermana de los árboles,

pariente de los gatos.

Ella comprende bien

los juegos de los niños solitarios,

la risa verde de las hojas,

el regocijo del atardecer.

Mamá

Su presencia está hecha

de sonidos:

trastes que se acomodan,

armarios que se cierran,

voz burbujeante del agua hervida.

Resplandor de mesas y repisas;

frascos con tapa; 

ropa doblada en los cajones.

Mi madre, 

con gestos diminutos 

pone en orden 

el mundo. 


Cómplices 

La bisabuela y la nieta

vigilan a las papas

ponen moños al perejil 

hacen chillar al arroz. 

Todo lo transforman: 

la cebolla refulge, 

la sal atiende, 

el cilantro se desmaya, 

las ollas respiran.


Ana Laura Contreras. Mujer de cuatro ojos. A ratos madre abnegada, a ratos egoísta. Solitaria. Cada quincena, religiosamente, compra un pastel.

Editorial

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