Violeta Santiago escribe una novela negra situada en Papantla, Veracruz. En Las llamas danzantes, la comandante Samantha Frías llega a su nuevo encargo y encuentra el cuerpo de un niño con un disparo en la cabeza. Horas después aparece otro. La prensa y los rumores los señalan como halcones, la fiscalía se prepara para archivar, y el pueblo asimila la crueldad como parte del clima. El caso, finalista del Premio Nacional de Novela Negra Una vuelta de tuerca 2022, arranca con un crimen que obliga a mirar de frente la violencia contra la infancia.
Samantha investiga con una camioneta vieja, un equipo mínimo y expedientes destinados al archivo muerto. Sigue rastros en consultorios, patios, calles y oficinas, y entiende que alguien fabricó una escena para cerrar el asunto sin responsables. En paralelo, José Francisco busca a su hermano Luis, desaparecido tras una tarde de mangos con sus amigos. Un sobreviviente herido, Jonathan, cuenta la llegada de una camioneta verde y el traslado a un rancho, donde separan a los niños y el miedo se vuelve método. José toma una decisión desesperada, se mete en el engranaje del grupo para acercarse a su hermano.
Las llamas danzantes cruza investigación policial y supervivencia juvenil, hasta que ambas rutas chocan con un negocio de secuestro y cobro. La novela muestra el precio de callar, la facilidad con la que un caso se etiqueta, y la forma en que un pueblo aprende a mirar hacia otro lado. La tensión crece por escenas precisas, del levantamiento del cuerpo a los pasillos de una comandancia, del monte a las casas donde nadie denuncia. Un noir que sostiene la intriga y deja una pregunta dura, quién paga cuando el fuego se enciende en la vida diaria.





