En la Academia Santa Cecilia de Clou, un anuncio cae como sentencia. La orquesta tocará La Maldita, la sinfonía XM 12 de Vadim Puusepp, una obra marcada por accidentes, rumores y muertes. Días después de confirmarla, el director Simán Valenta cae en su oficina. La música queda suspendida en el aire, como si la partitura reclamara su primer pago.
Con el aniversario encima, Alexander Valenta toma la batuta y convierte La Maldita en su debut como director. En los pasillos crece el miedo, en los atriles crece la exigencia, en los ensayos crece la tensión entre quienes creen en la maldición y quienes la llaman superstición. Cada página vuelve a la misma pregunta. Qué le hace una obra a quien la interpreta cuando la obra parece mirar de vuelta.
La Maldita cruza crítica musical, programa de mano, escenas de academia y voces que se contradicen. La novela avanza al ritmo de una partitura que ordena, castiga, seduce. Al final, el concierto deja de ser un evento cultural. Se vuelve un juicio público, íntimo y físico, donde la música decide qué queda en pie.





