Kyra Galván escribe un libro de duelo que empieza con un golpe. La muerte del marido cae como bomba y deja una sala de terapia intensiva girando en espiral, tubos, máquinas, respiración ajena, un adiós que no se entiende. La voz atraviesa hospital, ataúd, urna, casa vacía, y nombra lo que queda cuando el amor se convierte en ausencia.
La vorágine, lo visceral, el vértice filoso y lo vacante fatuo se organiza en cinco partes y sigue una lógica obsesiva. Cada sección se amarra a la letra V, vorágine, visceral, vértice, vacante, verbo. Hay hechos numerados, poemas, entradas que parecen diccionario, fragmentos en inglés, oración y blasfemia en la misma respiración. La viuda aparece como figura y como estado del cuerpo, con rabia, culpa, deseo de cruzar al otro lado, y una conversación dura con Dios.
El libro mezcla intensidad y humor negro, cultura y calle, mito y experiencia inmediata. La escritura trabaja con imagen física y ritmo de letanía, para sostener lo insoportable sin volverlo decorado. Es una lectura para quien busca poesía que empuja, que piensa mientras sangra, y que deja una pregunta fija sobre el amor, la muerte y la vida después del quiebre.





