Rodrigo Círigo escribe poesía del cuerpo y del deseo. En Cerdo feliz entre los cerdos, el amor aparece como instinto, hambre, roce, saliva y cansancio. El libro abre con la imagen de unas morsas al fondo de un acantilado y pasa a la puerta de una carnicería, ganchos, afiladores, vísceras, una vaca colgando. La voz mira lo vivo y lo comestible sin separar ternura y violencia.
El texto salta entre registros y lugares. Hay instrucciones de montaje para un telescopio, carretera y retrovisor, ventanas, estaciones, objetos mínimos que se cargan de sentido. Aparece el Río de los Remedios como paisaje de aguas negras, y la ciudad como sistema de ruido, desagüe y memoria. El libro arma un mapa en fragmentos, con listas, fichas, noticias y escenas cortas.
Cerdo feliz entre los cerdos mezcla verso libre y collage. La escritura sostiene una tensión constante, eros y deterioro, humor y herida, naturaleza y asfalto. Es un libro para lectoras y lectores que buscan poesía que muerde, que trabaja con imagen nítida y con ritmo, y que deja una pregunta en el cuerpo después de cerrar la última página.





