Francisco Trejo recupera la tradición del epigrama latinoamericano y la cruza con precariedad, deseo y vida universitaria contemporánea. En Puercoespín, Francisco escribe para Claudia, estudiante de posgrado, figura amorosa y herida constante. El libro sigue la obsesión de un poeta que atraviesa andenes del metro, bares, bibliotecas, recitales y salones de clase mientras convierte el amor en materia verbal y el fracaso en postura.
Claudia escucha a Mala Rodríguez, vota por la oposición, quiere hacer un doctorado en el extranjero. Francisco fuma, corrige tesis, sobrepiensa, se compara con un puercoespín y convierte cada rechazo en epigrama. Entre humor, celos, ternura y rabia, el libro retrata una generación que ama mientras sobrevive.
Puercoespín mezcla ironía, lirismo y confesión. La escritura sostiene una voz que se burla de sí misma mientras insiste en el amor como última forma de resistencia. El resultado es un libro sobre poesía y deseo, sobre la necesidad de ser leído y amado, y sobre lo ridículo y doloroso que puede ser escribirle versos a alguien en pleno siglo XXI.





