Giovanna Enríquez escribe desde la boca y desde la casa. En Bocatientas, el poema toma la forma de una anatomía diaria, dientes, úvula, comisura, lengua, saliva. La voz nombra el dolor y el diagnóstico, endometriosis, hospital, bisturí, histerectomía. Cada texto registra lo que el cuerpo calla cuando se le exige orden y silencio.
Tú entras a una geografía familiar y urbana. Aparecen la estética de la madre, el refrigerador con recordatorios, los sonidos de la casa, las calles de San Jerónimo, la memoria del padre, la abuela Juana y sus palabras que se tuercen. El libro vuelve lugar una dirección, una escalera, una silla, una cama, una mesa. La intimidad se sostiene con escenas concretas y con un lenguaje que no disfraza la herida.
La escritura discute el poder de nombrar. Una letra se censura, los diccionarios fallan, los pronombres se disputan, el cuerpo se vuelve territorio político. Una máquina se pega al pecho y registra la arteria aorta, el poema imagina un cuerpo cyborg y una voz que negocia con el algoritmo. Bocatientas queda como libro de duelo, deseo y resistencia, escrito con una precisión que muerde. :contentReference[oaicite:0]{index=0}





