Cristina Guillermo escribe desde el cuerpo. En La próxima vez que corten mi cuerpo, ocho poemas parten de una revisión ginecológica y de una mirada al espejo, una bata blanca, gavetas de medicamentos, el ultrasonido y el tacto. La voz registra el calor del Hospital Español, el peso en la báscula, un chicle que pierde sabor, el ovario completo y el muñón del otro. Desde esa escena el libro enlaza cicatrices, deseo, maternidad y miedo, con el cuerpo como archivo.
Los textos avanzan por escenas de infancia en un laboratorio de farmacia, el olor a vitaminas, penicilina y sulfas, el ruido de teléfonos y máquinas, las prensas y las cuchillas. Entran a la casa y a la vida en pareja, una hija, un perro y un gato, rutinas que sostienen y cansan. Llegan a la enfermedad cercana, quistes, biopsias, cirugías, el recuerdo del cáncer. Cruzan el patio de la escuela y los gestos de género en la niñez, y el día en que un padre ve partir a su hija.
La escritura mezcla poema narrativo y confesión. Nombra el cuerpo intervenido y sus términos médicos, ooforectomía, salpingectomía, miomectomía, sangre, placer, duelo, soledad elegida, fin de la fertilidad. La próxima vez que corten mi cuerpo sostiene una voz directa, atenta a lo que la memoria deja en la piel.





