Zel Cabrera escribe un libro sobre masculinidad y lenguaje afectivo. En Los hombres nunca reciben flores, la autora parte de una idea cotidiana y dura. A muchos hombres les faltan palabras para decir miedo, culpa, ternura, error. El texto mira cómo ese silencio se vuelve poder, y cómo ese vacío afecta el amor, el sexo, la amistad y la vida en pareja.
El libro mezcla ensayo y poesía, con una ruta por filosofía, cultura pop y escenas de ciudad. Aparecen Wittgenstein, Nietzsche, Kierkegaard, Simone Weil, Agamben, Deleuze y Byung Chul Han como detonadores de lectura. Aparecen cartas que no se envían, citas en un centro comercial, nostalgias, rupturas, deseo y vergüenza. Las flores funcionan como símbolo de cuidado negado, y como gesto que expone el guion patriarcal.
Los hombres nunca reciben flores sostiene una voz frontal y lúcida. El libro no sermonea. Nombra, discute, incomoda y deja una ética de relación. Es una lectura para quien busca ensayo feminista con pulso literario, y para quien quiere pensar el amor sin excusas.





