Daniel Hurtado escribe poemas sobre la masculinidad impuesta y la identidad que no encaja. En No soy el único, la voz enfrenta el mandato familiar, la educación del machismo y la vergüenza como disciplina doméstica. El libro parte de una infancia vigilada y llega a la adultez con el cuerpo como campo de batalla, entre deseo, culpa y necesidad de nombrarse.
Los textos avanzan por escenas concretas. Un plato que desaparece de la mesa, una cancha de futbol donde el entrenamiento es castigo y fascinación, una fiesta de dieciocho años llevada al table para corregir al hijo, un beso que ocurre frente al padre. Aparecen la rutina del gimnasio y las reglas de la apariencia, la cena de Navidad como tribunal, la herencia como migaja, el amor como miedo, la codependencia como destino repetido.
No soy el único trabaja con verso directo, humor áspero y referencias de cultura pop. El libro convierte el insulto en postura y la fractura en brillo, sin pedir permiso. Queda como un conjunto de poemas para lectoras y lectores que buscan escritura confesional, crítica y emocional, con una voz que mira a la familia de frente y no baja la mirada.





