Julia Piastro escribe desde la calle y desde la escucha. En Derecho de piso, una serie de crónicas y ensayos recorre la Ciudad de México a partir de escenas mínimas, un taller de bicicletas en Portales Sur, una radio vieja con Rubén Blades, un arreglo que termina en conversación. La narradora observa el barrio, los edificios nuevos, los locales que resisten, y nombra el cobro diario de estar aquí, el derecho de piso de la existencia.
Cada texto abre una puerta distinta. La banquita frente a la peluquería se vuelve centro de chismes, cuidado y miedo. El temblor regresa en las charlas, la gentrificación entra por las banquetas y los contratos. El libro también entra a la música y al performance, un piano suspendido en Bucareli, poesía e improvisación, viajes, talleres, voces que cruzan idiomas. Aparecen la memoria política, la marcha del 71, la familia, la amistad, el trabajo, el cansancio.
Piastro escribe con pulso de crónica urbana y con pensamiento de ensayo. Mira lo comunitario y lo violento en el mismo cuadro, y registra cómo una ciudad te forma y te desborda. Derecho de piso sostiene una pregunta fija, cómo ocupar un lugar sin pedir perdón, cómo seguir cuando la calle te cobra por respirar.





