Una mujer camina la Ciudad de México y escribe desde el paso, el tropiezo y la mirada. Los poemas se pegan a banquetas, puestos, talleres, plazas y cruces de calle. Tú lees una voz que observa y escucha, que deja hablar a la ciudad, con ritmo de respiración y de trayecto.
El libro abre una experiencia urbana marcada por el cuerpo y por el miedo, con deseo de moverse sin pedir permiso. El blues funciona como pulso, repite, insiste, cambia de tono y regresa. La poeta arma identidad con fragmentos, deja un registro de lo vivido, lo que se pierde, lo que se aguanta.





